La Estudiantina, siete décadas de historia en Pachuca

Desde hace más de 70 años, el sonido de las conversaciones, la música y los brindis forman parte de la esencia de La Estudiantina, un espacio que ha acompañado los cambios urbanos y sociales de varias generaciones.

Actualmente, José Luis Islas Pérez se encuentra al frente de este emblemático negocio familiar desde hace más de tres décadas. Sin embargo, la historia de la cantina comenzó mucho antes. Aunque el establecimiento ya operaba con su antiguo propietario, Don Lauro Uribe, en 1955 José Islas Islas, padre del actual encargado, adquirió el lugar y dio continuidad a una tradición que permanece hasta nuestros días.

En sus primeros años, La Estudiantina abrió sus puertas en una esquina de la avenida Cuauhtémoc. Posteriormente cambió de domicilio hacia la calle Francisco Covarrubias y, finalmente, se instaló unos metros más atrás sobre la misma vialidad, donde ha permanecido durante más de 40 años como un referente de la zona centro.

Una cantina que guarda la memoria de Pachuca

El nombre de La Estudiantina nació gracias a una enorme pintura al óleo que decoraba el lugar y que inspiró su identidad. Sin embargo, con el paso del tiempo y durante un proceso de restauración, la obra se perdió.

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A lo largo de las décadas, este sitio recibió principalmente a mineros y trabajadores de la construcción, quienes visitaban el lugar antes o después de sus jornadas laborales debido a que cerca de la cantina existía una parada de taxis con destino a San Agustín Tlaxiaca. Actualmente, el público ha cambiado ligeramente y los adultos continúan siendo sus principales visitantes.

¿Qué puedes encontrar?

En sus inicios, La Estudiantina también ofrecía pulque, pero dejó de venderlo tras la contingencia de influenza de 2009. Hoy, las micheladas, las cubas, la cerveza y las bebidas clásicas encabezan la preferencia de sus clientes, con precios que van desde los 25 hasta los 50 pesos. Aunque no ofrece comida ni botanas, mantiene una amplia variedad de bebidas que conserva su esencia de cantina tradicional.

Dentro del lugar también destaca una rocola con más de una década de antigüedad, encargada de ambientar las reuniones de quienes acuden a recordar canciones y compartir momentos entre amigos.

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Su horario de servicio es de lunes a sábado de 10 de la mañana a 9 de la noche, mientras que los domingos abre de 10 de la mañana a 3 de la tarde.

Hoy, La Estudiantina representa la segunda generación de una historia familiar. José Luis Islas Pérez asegura que la intención es continuar trabajando día con día y mantener vivo el legado del negocio. 

En una calle Francisco Covarrubias donde conviven diversos bares y cantinas, el ambiente cercano y sus precios accesibles siguen siendo el sello que distingue a este histórico establecimiento, una muestra de que las tradiciones todavía encuentran su lugar en la vida cotidiana de Pachuca.

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