
En la calle Mariano Abasolo, en pleno centro de Pachuca de Soto, “La Barata” mantiene una esencia única que sorprende a cualquiera desde hace décadas. Felipe Escalante García, encargado desde hace 25 años, resume la historia con claridad: la cantina llegó al punto actual en 1985, aunque su origen es más antiguo y siempre conservó el mismo nombre.
Antes funcionó sobre la misma calle, en la esquina junto al sindicato de telefonistas, donde atendieron personajes como Julio Rojas y Don Moisés García Matamoros, este último también responsable cuando el negocio se mudó a su ubicación actual.
Felipe llegó en el año 2000 y desde entonces sostiene la operación del local, que suma décadas de tradición y una clientela que ha cambiado con el tiempo.
La barra centenaria y la magia del espacio
Lo más llamativo del lugar es la barra y la contra barra, ambas con más de 100 años de antigüedad. Estas piezas no nacieron en La Barata: primero engalanaron el “Bar de los Baños”, después en “La Marítima”, y finalmente encontraron su hogar en dicho establecimiento. Aunque la madera muestra el paso del tiempo, solo ha recibido algunos ajustes menores, hoy, Felipe mantiene el resto del espacio exactamente igual, pues no ha realizado ninguna modificación en 25 años.
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Los horarios se mantienen estables:
- Lunes a sábado: de 1:00 p. m. a 11:00 p. m.
- Domingos: de 9:00 a. m. a 2:30 p. m.
Sobre la comida, “La Barata” funciona con botana de la casa, que cambia según lo que haya disponible: chicharrón, caldo de pollo, chile con huevo, salsa o lo que varía en el día.
Las bebidas rondan entre 30 y 50 pesos, con una carta que incluye sangrías, limonadas, cerveza, tequila y varias opciones más. No existe una bebida exclusiva del lugar, pero la michelada y la quemada se coronan como las favoritas.
Lo que lo vuelve especial
Felipe reconoce que la pandemia modificó por completo la clientela. Antes predominaban los mismos usuarios, principalmente jóvenes; hoy llegan personas nuevas todos los días.
A pesar de ello recibe a todos con los brazos abiertos, en un ambiente que es amenizado por la sinfonola o por los músicos que recorren las cantinas del centro, quienes entran a cantar lo que el cliente les pida.
Felipe desea que “La Barata” siga con la misma esencia, por lo cual no tiene en mente nuevas innovaciones. Además aclaró que si su familia continúa con el negocio, él lo celebrará; si no, se cerrará un capítulo que suma décadas y que se mantiene vivo gracias a su ambiente, sus precios y su historia.
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