Hidalgo: un tipo de turismo en cada región

A menos de dos horas de la Ciudad de México, Hidalgo se ha consolidado como uno de los destinos más versátiles del centro del país. Su territorio, dividido en regiones con paisajes y climas contrastantes, permite pasar de un pueblo minero de clima frío a una selva húmeda o a un balneario de aguas termales en cuestión de horas. Por ello, la entidad concentra prácticamente todos los tipos de turismo: cultural, de aventura, ecoturismo, religioso, termal y gastronómico, cada uno con sus propios escenarios.
El turismo cultural e histórico tiene su corazón en la Comarca Minera, al centro del estado, donde Pachuca, Real del Monte y Mineral del Chico conservan la herencia inglesa que llegó con la minería de la plata, visible en su arquitectura y en platillos como el paste. A esta oferta se suma el turismo arqueológico, encabezado por la Zona Arqueológica de Tula y sus célebres Atlantes, además de sitios como Xihuingo, en Tepeapulco, y Huapalcalco, en Tulancingo.
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Aventura, naturaleza y aguas termales
Para quienes buscan adrenalina, el turismo de aventura se concentra en el Parque Nacional El Chico y en Mineral del Chico, con senderismo, escalada, rappel y tirolesa, así como en Huasca de Ocampo (primer Pueblo Mágico del país), hogar de los Prismas Basálticos. En el Valle del Mezquital, las Grutas de Tolantongo, en Cardonal, combinan cañón, grutas y aguas termales en uno de los atractivos más visitados.
Ese mismo valle es la capital del turismo termal y de salud, con balnearios y parques acuáticos en Tecozautla, Ixmiquilpan y Ajacuba. El ecoturismo, por su parte, encuentra sus mejores escenarios en la Reserva de la Biosfera Barranca de Metztitlán, el Parque Nacional Los Mármoles y los bosques de Acaxochitlán y Zimapán.
El turismo religioso también tiene un peso importante gracias a la Ruta de los Conventos Agustinos del siglo XVI, que enlaza el Ex Convento de San Nicolás Tolentino, en Actopan; el Convento de los Santos Reyes, en Metztitlán, y el Ex Convento de Todos los Santos, en Zempoala, municipio que además resguarda el Acueducto del Padre Tembleque, declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO.
Finalmente, en el extremo norte, la Huasteca Hidalguense (integrada por municipios como Huejutla de Reyes, Yahualica y San Felipe Orizatlán) ofrece una mezcla de ecoturismo y turismo cultural, con ríos, vegetación tropical, viva tradición náhuatl y celebraciones como el Xantolo. Todo ello se complementa con el turismo gastronómico presente en cada región, desde la barbacoa y los pastes hasta el pulque de los Llanos de Apan y el zacahuil huasteco. Con esta diversidad repartida por todo su territorio, Hidalgo confirma que tiene un destino para cada tipo de viajero, sin importar la temporada.

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