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Gustavo Ambrosio-Bonilla lanza corto filmado en Agua Blanca

“Un camino que no recuerdo” requirió una inversión aproximada de 180 mil pesos y busca mostrar el potencial de la región Otomí-Tepehua

El perdón, la redención, la muerte y el paso del tiempo son los ejes de Un camino que no recuerdo, el nuevo cortometraje del cineasta Gustavo Ambrosio-Bonilla, quien eligió Agua Blanca de Iturbide como la principal locación de su proyecto, con la intención de demostrar que este municipio hidalguense cuenta con paisajes y talento para albergar producciones audiovisuales.

El rodaje se realizó en marzo de 2025, con tres jornadas en Agua Blanca y una más en la Ciudad de México. Para las filmaciones se utilizaron espacios como El Fortín, el lago de Agualinda, el cerro del Brujo y la cascada del Yugo, en una producción que contó con el respaldo del gobierno municipal y del ejido de San Pedrito.

“Es un cortometraje filmado 100% en Agua Blanca”, expresó el director al referirse a la apuesta por mostrar las posibilidades cinematográficas de su localidad, pues es importante destacar que el realizador es radicado en este municipio.

Según contó el cineasta en entrevista, la historia sigue a dos jóvenes cuyos caminos se cruzan en circunstancias particulares: un muchacho que vuelve a su pueblo tras la muerte de su madre y una mujer misteriosa que busca regresar a su hogar en la ciudad.

Ambos parecen haber perdido el rumbo y encuentran en el otro una oportunidad para orientarse.

Aunque aparecen fantasmas, Ambrosio-Bonilla aclara que no se trata necesariamente de una película de terror, sino de una narración que explora la existencia y la manera en que las personas enfrentan sus pérdidas.

Conseguir los recursos para llevar la historia a la pantalla representó uno de los principales desafíos. El cineasta explicó que, junto con su coproductor Alejandro y el fotógrafo Aarón, participó en la gestión de fondos, apoyos y personal para concretar el rodaje y completar la posproducción.

El costo total aproximado fue de 180 mil pesos, cantidad que se cubrió mediante aportaciones personales, patrocinios, donaciones en especie, respaldo del municipio e incluso una rifa organizada para reunir dinero.

“Una parte la puse yo, otra fueron patrocinios, donaciones en especie, apoyos del municipio y hasta una rifa hice”.

A pesar de los obstáculos económicos, destacó la respuesta de los habitantes de Agua Blanca, quienes contribuyeron a que el proyecto pudiera realizarse: “La verdad sí. Sobre todo la gente del pueblo, me apoyó muchísimo”.

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Entre las dificultades durante la filmación estuvo la ausencia de niebla, un elemento contemplado desde la escritura y planeación visual del cortometraje, debido a que Agua Blanca es conocido por sus paisajes neblinosos.

Sin embargo, durante el rodaje coincidió una ola de calor que impidió conseguir la atmósfera prevista. El equipo recurrió a una máquina de humo y modificó parte de su planteamiento técnico, mientras que el trabajo de corrección de color de Miguel Escudero ayudó a recuperar parte de la estética buscada.

“Lo más complicado fue que el corto se scauteó y se escribió para que hubiera niebla”, comentó entre risas. “La cosa es que el cambio climático nos arruinó eso. En el rodaje, cayó la única ola de calor del año y nos quedamos sin nubes”.

A esos contratiempos se sumaron las interrupciones durante las grabaciones en el lago de Agualinda, donde una pipa acudió a cargar agua mientras el equipo intentaba aprovechar las últimas horas de luz.

“Entonces, creo que los imprevistos así son lo más difícil”, resumió el realizador, quien reconoció que disponer de recursos suficientes para concluir cada etapa de una producción independiente también representa un reto constante.

Más allá de concretar su cortometraje, Ambrosio-Bonilla espera que el proyecto contribuya a atraer la atención de la Comisión de Filmaciones de Hidalgo hacia Agua Blanca y la región Otomí-Tepehua.

“Mi idea, además de que siempre soñé con filmar en mi pueblo, es que la Comisión de Filmaciones de Hidalgo nos voltee a ver, tenemos mucho potencial como locación, tenemos paisajes, infraestructura para acoger producciones independientes o largometrajes”, afirmó.

El director también planteó la necesidad de establecer mecanismos públicos que impulsen tanto la formación de nuevos cineastas como la producción de cortometrajes y largometrajes.

“Pues en el cine, solo tenemos el PECDA. Pero no existe un apoyo real a producción de cine en Hidalgo, y eso que somos un estado con locaciones y cuna de uno de los máximos exponentes del guionismo mexicano, como Ricardo Garibay”, expresó.

En ese sentido, consideró que sería conveniente contar con convocatorias específicas para financiar proyectos cinematográficos, como sucede en otras entidades del país.

El realizador confirmó su interés por volver a filmar en Agua Blanca y adelantó que le gustaría desarrollar un universo de ficción inspirado en la historia del municipio, cuyo antiguo nombre, La Trementina, podría servir como punto de partida para futuras narraciones.

“Tengo ganas de construir un universo ficcionado de Agua Blanca: La Trementina. Así se llamaba antes y hay muchas historias por contar”.

El estreno del cortometraje podría realizarse el próximo fin de semana en Agua Blanca, aunque la fecha está pendiente de confirmación.

Gustavo Ambrosio-Bonilla y su trayectoría

Nació en Pachuca en 1992 y es guionista, periodista y director, con formación en el Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC) y la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Su trabajo abarca la ficción y el documental, con una perspectiva autoral que aborda temas políticos y sociales.

Entre sus proyectos destaca Mi tierra de silencios, nominado a las Diosas de Plata en 2025, así como La cuarta puerta, que obtuvo el Premio del Público en el Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM) y fue exhibido en el GIFF Cannes, de acuerdo con su semblanza profesional.

También ha escrito y dirigido cortometrajes como Ignición y ¡Están curados!, y fue nominado a Mejor Guion Inédito en el Festival de Cine de La Habana 2024. Entre sus reconocimientos figuran el Premio Bengala-UANL al Mejor Argumento de Cine y el galardón a Mejor Guion de Largometraje del Festival de Cine de Mérida.

Actualmente trabaja en la difusión del cortometraje Un camino que no recuerdo y escribe para la segunda temporada de Los años heridos, de Canal Once. Además, se desempeña como editor sénior en La Jornada Online y desarrolla proyectos de terror social y cine político, con énfasis en las problemáticas sociales y emocionales.

Cintillo Subrayado

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