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¿Cómo fue el ascenso y caída de Nicolás Maduro en Venezuela?

Pasó de manejar un autobús por Caracas a terminar esposado rumbo a Nueva York. La historia de Nicolás Maduro es la de un ascenso improbable y una caída brutal, marcada por el poder, la lealtad y, al final, la fuerza militar de Estados Unidos.


Del volante a la revolución

Nicolás Maduro nació el 23 de noviembre de 1962 en Caracas. Durante años fue un hombre común: conductor de autobuses, sindicalista, militante de base.

Todo cambió en diciembre de 1993, cuando conoció a Hugo Chávez en la cárcel de Yare. El líder golpista estaba preso por el fallido levantamiento contra Carlos Andrés Pérez.

El encuentro facilitado por Cilia Flores, entonces abogada de Chávez y futura esposa de Maduro definió el rumbo de su vida.

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Maduro encontró en Chávez un proyecto y un mentor. Se integró al Movimiento V República, ayudó a construir la estructura política del chavismo y fue recompensado con cargos cada vez más altos: constituyente, diputado, presidente del Parlamento y canciller.

En 2012, Chávez lo ungió como su sucesor.


El heredero

En marzo de 2013, Maduro anunció entre lágrimas la muerte de Chávez. Insinuó conspiraciones, habló de enemigos invisibles y ordenó un despliegue militar masivo. Así comenzó su presidencia.

Pero nunca fue Chávez. Ganó las elecciones de 2013 por un margen mínimo y las calles se llenaron de protestas. En 2014, la represión dejó más de 40 muertos. La economía colapsó: inflación descontrolada, escasez, migración masiva.

En 2015, el chavismo perdió el Parlamento y Maduro respondió vaciendo de poder a la Asamblea Nacional, consolidando las acusaciones de autoritarismo.


Un poder cada vez más aislado

Fue reelegido en 2018 en elecciones cuestionadas, sin oposición real y con una participación mínima. Solo seis mandatarios asistieron a su toma de posesión.

En 2019, Juan Guaidó se proclamó presidente interino con respaldo internacional. Maduro resistió.

Pero 2024 marcó su quiebre definitivo. Nunca presentó las actas que avalaran su reelección frente a Edmundo González Urrutia.

La comunidad internacional reconoció a la oposición. María Corina Machado, luego galardonada con el Premio Nobel de la Paz, se convirtió en el rostro de la resistencia.


La caída

Con Donald Trump de regreso en la Casa Blanca, la presión escaló. Washington declaró al Cártel de los Soles como organización terrorista y ofreció 50 millones de dólares por la captura de Maduro.

La madrugada del 3 de enero de 2026, helicópteros Chinook y fuerzas especiales estadounidenses irrumpieron en Caracas.

Maduro y Cilia Flores fueron capturados y trasladados al buque USS Iwo Jima. Trump calificó la operación como “una demostración histórica del poder estadounidense”.

Las imágenes recorrieron el mundo: ojos vendados, esposas, una botella de agua entre las manos.

Horas después, Maduro descendió de un avión en Nueva York, custodiado por agentes de la DEA.

La fiscal general Pam Bondi anunció los cargos: conspiración narcoterrorista, tráfico de cocaína hacia EE.UU. y delitos con armas. El juicio se celebrará en Manhattan.


El último capítulo

Trump afirmó que Estados Unidos dirigirá Venezuela hasta una transición ordenada.

Maduro, el chofer que conoció a Chávez en una prisión hace 32 años, espera ahora en el Centro de Detención Metropolitano de Brooklyn.

Su historia, que comenzó en las calles de Caracas, termina entre muros, expedientes judiciales y esposas. El poder que alguna vez pareció eterno se apagó en silencio.


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