
El bordado de Tenango de Doria se ha consolidado como un símbolo de identidad cultural en Hidalgo. Este arte textil combina tradición, historia y un profundo vínculo con la tierra.
Mujeres otomíes y tepehuas han preservado por generaciones esta técnica, que plasma animales, flores, personas y símbolos sagrados en coloridos lienzos de manta. Cada trazo refleja su visión del mundo.
Las bordadoras no siguen moldes. Diseñan a mano alzada y crean piezas únicas, que pueden tardar días o incluso meses, dependiendo de su tamaño y complejidad.
El bordado de Tenango no solo adorna ropa o accesorios; también representa una fuente de ingreso para cientos de familias en la región. Muchas mujeres lideran cooperativas y talleres que mantienen viva esta tradición.
Ferias, exposiciones y mercados en México y el extranjero exhiben estas piezas como arte textil. Algunos diseñadores internacionales han intentado apropiarse de los diseños sin reconocer su origen, lo que ha generado denuncias por plagio.
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En 2019, autoridades de Hidalgo defendieron legalmente a las bordadoras tras detectar la reproducción no autorizada de sus diseños por parte de una marca europea. El caso visibilizó la urgencia de proteger los derechos colectivos de las comunidades indígenas.
Grupos organizados han impulsado propuestas legislativas para reconocer legalmente los saberes tradicionales y garantizar que las ganancias lleguen directamente a las creadoras.
Hoy, nuevas generaciones aprenden esta técnica con orgullo. El bordado se convierte en una herramienta para fortalecer la economía local y defender la cultura ante la globalización.
Tenango borda no solo hilos, sino memoria, resistencia y belleza. Este arte hidalguense ya dialoga con el mundo sin perder sus raíces.
BERE GAMBOA
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