
La contaminación del río Amajac generó preocupación entre comunidades de la Sierra Gorda hidalguense y motivó la intervención de autoridades estatales y federales. Esto tras la solicitud de la presidenta municipal de Chapulhuacán, Nhur Amira Núñez Ponce, así como de habitantes de las localidades de Soledad del Coyol y Palo Verde, quienes reportaron afectaciones en este cuerpo de agua.
Ante esta situación, el Gobierno de Hidalgo activó una estrategia de atención para enfrentar el problema y definir acciones inmediatas de saneamiento. La Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales de Hidalgo (SEMARNATH) encabezó un recorrido técnico en coordinación con la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (PROFEPA) y autoridades municipales, con el objetivo de evaluar las condiciones actuales del río y delinear un plan de intervención.
Cabe recalcar que el río cuenta con una extensión aproximada de 327 kilómetros, de los cuales 280 atraviesan territorio hidalguense.
Descargas, turismo y agricultura como contaminantes
Los primeros diagnósticos muestran un panorama amplio de contaminación. Datos del Observatorio Estatal Hídrico identifican al menos 65 descargas de aguas residuales a lo largo de los municipios que atraviesa el río Amajac. Estas descargas provienen principalmente de zonas urbanas donde cabeceras municipales y comunidades vierten aguas residuales domésticas y de servicios directamente al afluente.
A esta problemática se suma la limitada infraestructura de saneamiento en la región. El registro de plantas de tratamiento señala la existencia de 24 instalaciones; sin embargo, cerca de la mitad permanece fuera de operación, lo que reduce la capacidad para procesar las aguas residuales antes de su descarga.
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Además, las actividades turísticas en zonas como Santa María Amajac y el río Tolantongo generan descargas de aguas jabonosas y residuos orgánicos que terminan en el río. Por otra parte, la agricultura intensiva en la Vega de Metztitlán aporta fertilizantes y pesticidas que contaminan el agua y el suelo.
El diagnóstico también señala otros factores que afectan el equilibrio ambiental de la cuenca, entre ellos el uso de fosas sépticas, los cambios de uso de suelo, la pérdida de cobertura vegetal y las quemas agrícolas. A estos elementos se suman procesos naturales como el arrastre de sedimentos durante la temporada de lluvias.
Estrategia coordinada para recuperar el río
Frente a este panorama, autoridades estatales impulsarán un plan de acción coordinado para enfrentar las causas de la contaminación. La SEMARNATH solicitará el apoyo de la Comisión Estatal del Agua y Alcantarillado (CEAA) y de la Comisión Nacional del Agua (CONAGUA) para realizar muestreos y análisis de calidad del agua en distintos puntos del río.
Entre las acciones contempladas destacan el uso de biodigestores como alternativa de saneamiento, el fortalecimiento del manejo de aguas residuales y residuos sólidos, así como programas de reforestación en zonas prioritarias. El plan también incluye estrategias para la conducción y aprovechamiento del agua pluvial.
Además, las autoridades impulsarán la difusión y vigilancia de la veda de fuego, la protección de la cuenca y la promoción de la cultura ambiental en las comunidades de la región.
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