
Romana Jaén Gaspar creció entre hilos, telares y pencas de maguey; su madre, Epifania Gaspar Palacio, fue reconocida a nivel nacional por su trabajo artesanal, y desde entonces madre e hija se han convertido en un equipo inseparable que mantiene viva una tradición que ha pasado de generación en generación.
Epifania elabora lienzos con telar de cintura, mientras que Romana transforma esas piezas en caminos de mesa, blusas, bolsas o monederos.
Ambas dominan cada etapa del proceso artesanal: desde el machacado de la penca de maguey, el hilado y tallado, hasta la confección de las piezas. “Yo sé hacer todo el proceso, lo único que me falta dominar por completo es el telar de cintura”, cuenta Romana. Dependiendo del detalle, una pieza puede tardar desde una semana hasta 15 días en completarse.
VER MÁS: ¡Casi un mes de pura fiesta! Así será la Feria San Francisco 2025
Tradición que resiste y se adapta
El oficio artesanal llegó a Romana jugando, imitando a su madre, pero con los años se convirtió en un compromiso serio por conservar el legado familiar.
Aunque ya no es común que las nuevas generaciones se interesen por estas técnicas, Romana reconoce la importancia de que niñas y niños las vean en acción durante ferias y festivales: “En mi caso, mi hija ya no lo sabe hacer, esa es la intención, que al menos observen”.
Actualmente, Romana comercializa sus creaciones principalmente en tianguis, ferias y eventos especiales. También recibe pedidos personalizados a través de contacto directo.
Evalúa constantemente el mercado para decidir qué piezas elaborar según el tipo de público: desde diademas más accesibles hasta piezas finamente tejidas que toman más tiempo.
Pese al esfuerzo, no todo es fácil, Romana admite que el regateo sigue siendo uno de los principales desafíos, “Hay gente que no conoce el trabajo, pero cuando estoy vendiendo trato de estar trabajando, para que vean que no es nada fácil”, a veces, ante la necesidad, ha tenido que bajar precios, aunque sabe que su labor vale mucho más.
Un arte que merece más valor
Aunque en su comunidad la artesanía a veces se da por sentada, Romana destaca que en otras partes del país, e incluso por visitantes extranjeros, su trabajo es altamente valorado. Sin embargo, reconoce que los retos actuales van más allá del reconocimiento: enfrentan la competencia de productos industriales y la falta de apoyos institucionales.
Para ella, el futuro de la artesanía hidalguense depende tanto de las nuevas generaciones como del respaldo que reciban los artesanos, “Es una forma de mostrar el patrimonio cultural que tenemos en el estado, las artesanías también son una carta de presentación de Hidalgo” expresó.
En sus manos, el maguey no solo se transforma en hilo: se convierte en historia viva y mientras se siga transformando en telar, la tradición seguirá respirando.
BERE GAMBOA
Si quieres enterarte de más, síguenos en Facebook, YouTube o bien en TikTok.