
Durante años, el folclore ha sido relegado a un papel secundario dentro de los programas culturales, utilizado con frecuencia como un recurso de relleno en eventos oficiales y sociales. Esta percepción contrasta con el trabajo formativo, artístico y económico que implica sostener un grupo de danza tradicional. La trayectoria de la bailarina hidalguense Eridany López permite dimensionar esa realidad desde la experiencia directa de quienes viven el folclore como una forma de representación cultural.
Formación que trasciende el escenario
Eridany López, de 25 años y originaria de Ixmiquilpan, Hidalgo, inició su acercamiento a la danza durante la secundaria, cuando los talleres escolares incluían la disciplina folclórica. A partir de ese primer contacto, se integró al grupo de danza folclórica Dängo, con sede en el mismo municipio, agrupación de la que forma parte hasta la actualidad. Su actual formación parte del aprendizaje continuo dentro del grupo, proceso que le permitió comprender el valor cultural de la danza tradicional.
Con el tiempo, esa preparación derivó en oportunidades para representar a Hidalgo y a México en el extranjero. Junto con el grupo Dängo participó en giras por Sudamérica, con presentaciones en Costa Rica y Ecuador, y posteriormente en Europa, donde el folclore mexicano llegó a escenarios de Italia, Francia, Polonia y Países Bajos. Desde su experiencia, estas salidas confirmaron que la danza tradicional no cumple una función decorativa, sino que actúa como un vehículo de identidad cultural ante públicos internacionales.
Reconocimiento cultural dentro y fuera del país
Acorde a su experiencia la percepción del folclore cambia de manera notable fuera de México. En el extranjero, la respuesta del público se caracteriza por el entusiasmo, el interés y la emoción que provoca ver a México representado a través de sus bailes tradicionales. La vestimenta típica y los sones regionales generan una conexión inmediata con audiencias que reconocen en el folclore una expresión auténtica de la cultura mexicana.
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En contraste, en Hidalgo y en el país, la valoración ha sido históricamente menor. No obstante, en años recientes el folclore ha comenzado a ganar mayor proyección. La apertura de espacios, la realización de intercambios culturales y la inclusión de grupos folclóricos en foros relevantes han permitido avanzar hacia un reconocimiento más justo. Este proceso resulta significativo, ya que mantener un grupo de danza implica costos elevados en vestuario, accesorios, ensayos y traslados.
Compromiso colectivo
El grupo de danza folclórica Dängo tiene su base en Ixmiquilpan, Hidalgo, y reúne a niñas, niños y jóvenes de distintas comunidades del municipio. Algunos integrantes continúan sus estudios en ciudades como Pachuca o Querétaro, pero regresan al municipio para ensayar y mantener la actividad del grupo. Todas las presentaciones y giras realizadas hasta ahora se han financiado únicamente con recursos de la agrupación, sin apoyos gubernamentales.
A pesar de las limitaciones económicas, el objetivo se mantiene firme: compartir la danza con el público. Desde esta perspectiva, el folclore deja de ser un relleno escénico y se consolida como una expresión cultural que representa al estado y al país, fortalece la identidad y amplía la visión de quienes participan en él.
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