
Mientras Europa intenta abrir nuevas rutas para su comercio, una de sus apuestas más ambiciosas con Sudamérica acaba de quedar en suspenso. En una votación ajustada, el Parlamento Europeo decidió este miércoles enviar el acuerdo comercial con el bloque Mercosur al Tribunal de Justicia de la Unión Europea, un paso que podría retrasar su entrada en vigor hasta por dos años.
La decisión llega en un momento delicado. Donald Trump ha vuelto a advertir sobre una posible escalada de aranceles a productos europeos, y Bruselas busca, justamente ahora, diversificar sus socios comerciales para reducir su dependencia de Estados Unidos.
El tratado, que une a la Unión Europea con Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay, es el resultado de más de dos décadas de negociaciones y promete crear una de las zonas de libre comercio más grandes del mundo, con un mercado potencial de más de 700 millones de personas.
La resistencia en casa
Agricultores y grupos ambientalistas han levantado la voz. Temen que los productos sudamericanos no cumplan los estándares europeos y que terminen compitiendo en desventaja con los productores locales.
Para ellos, el tratado no es solo una cuestión de comercio, sino de reglas, seguridad alimentaria y protección del medio ambiente.
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, creía haber reunido los apoyos necesarios. Apenas el sábado, estaba en Paraguay para firmar el acuerdo, convencida de que el bloque estaba listo para dar el paso final.

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Tras la votación, la Comisión fue clara: el retraso llega en un momento en que las empresas europeas “necesitan urgentemente nuevos mercados”. También advirtió que la decisión puede dañar la imagen de la Unión Europea como un socio comercial “fiable y previsible”.
Por ahora, el futuro del acuerdo queda en manos de los jueces. Y Europa, entre la presión externa y las divisiones internas, sigue buscando cómo equilibrar su ambición global con sus propias fronteras.
Diversificar para resistir
El retraso refleja un miedo comprensible, pero también una oportunidad perdida. Los agricultores europeos temen que la apertura a productos sudamericanos presione los precios y eleve la competencia. Sin embargo, esa competencia no necesariamente implica un “juego sucio”.
Europa ya cuenta con algunos de los estándares sanitarios y ambientales más altos del mundo, y cualquier producto que entre a su mercado debe cumplirlos.

Más que cerrar la puerta, el acuerdo ofrece una vía para exportar esas reglas al exterior, obligando a los productores del Mercosur a elevar sus prácticas y, al mismo tiempo, ampliando el alcance de la influencia europea en materia de calidad y sostenibilidad.
Apostar por el Mercosur es apostar por diversificación y estabilidad a largo plazo. En un mundo donde las tensiones comerciales con potencias como Estados Unidos y China pueden escalar de un momento a otro, Europa necesita mercados alternativos fuertes y confiables.
Sudamérica no solo representa consumidores, sino también socios estratégicos en alimentos, energía y materias primas.

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