
El Valle del Mezquital custodia un tesoro biológico que desafía el paso de las décadas. En el estado de Hidalgo, la naturaleza ha esculpido dos santuarios principales de biznagas que representan la resistencia de la flora mexicana.
Estas cactáceas, algunas con más de un siglo de existencia, enfrentan hoy una lucha crítica por su supervivencia debido a la explotación humana.
La comunidad de El Maye, en Ixmiquilpan, alberga una población excepcional de biznagas endémicas. Aquí, el tiempo transcurre de forma distinta; los ejemplares crecen con una lentitud asombrosa, alcanzando alturas que superan los tres metros tras cien años de vida.
Simultáneamente, el municipio de Chilcuautla protege el imponente Cerro de las Biznagas. En este sitio, ubicado entre Texcatepec y Tunititlán, las plantas de casi dos metros dominan el paisaje árido bajo la vigilancia de los ejidatarios locales, quienes evitan el saqueo de estas especies en peligro de extinción.
La amenaza del dulce tradicional
El principal enemigo de estos gigantes es la industria del acitrón. Muchos recolectores extraen ilegalmente el corazón de la biznaga para producir este dulce tradicional, ingrediente común en postres y panes de temporada.
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Esta sobreexplotación, sumada a la extracción ilegal, coloca a estas especies en una situación de vulnerabilidad extrema. Debido a su ciclo de crecimiento tan lento, una planta arrancada hoy requiere más de un siglo para ser reemplazada de forma natural en el ecosistema.
Preservación
El Gobierno de Hidalgo coordina esfuerzos para asegurar que estas especies permanezcan en su hábitat. Las autoridades aplican sanciones severas a quienes realizan aprovechamiento extractivo sin autorización de la Semarnat o alteran el uso del suelo sin los permisos correspondientes. Además, el Estado vigila estrictamente la legal procedencia de cualquier derivado de estas plantas.
El compromiso estatal se enfoca en el rescate activo de ejemplares y la promoción de una cultura de respeto que detenga el consumo de acitrón, garantizando así que las biznagas gigantes sigan coronando los cerros del Valle del Mezquital por muchos siglos más.
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