Adela Ramírez, 40 años cocinando tradición en Santiago de Anaya

En el marco de la XLV Muestra Gastronómica de Santiago de Anaya, conoce la historia de Adela Ramírez Pérez, una cocinera tradicional que mantiene vivas las recetas del campo hidalguense.
Originaria de la localidad de González González, en el municipio de Santiago de Anaya, su historia mezcla trabajo, memoria familiar y un profundo amor por los ingredientes que nacen en la región. Entre guisos, hierbas y frutos del monte, Adela comparte más de cuatro décadas dedicadas a preservar la cocina tradicional.
Sabores que nacen del campo
En la cocina de Adela aparecen ingredientes que llegan directo del campo. La cocinera prepara mole de olla, sopa de habas, sopa de alberjón, gualumbos, flor de garambullo y salsas de xoconostle, además de una amplia variedad de platillos elaborados con productos de la región.
También cocina tortitas de sábila, nopales al vapor o con camarón y quelites al vapor, alimentos que forman parte de la tradición culinaria del Valle del Mezquital. Gran parte de estos ingredientes se obtienen mediante la recolección en el campo, actividad que la cocinera realiza para aprovechar lo que ofrece cada temporada.
Cuando ciertos productos escasean, ella y su familia aplican técnicas de conservación. Deshidratan ingredientes como escamoles, chapulines, chicharras o chinicuiles, lo que permite utilizarlos posteriormente en distintos guisos tradicionales.
Una tradición que comenzó en la infancia
La historia de Adela en la cocina inició muy temprano. A los 10 años comenzó a guisar, impulsada por la necesidad de apoyar en casa mientras sus padres trabajaban en el campo. Desde entonces aprendió observando a su madre, quien le enseñó cómo preparar alimentos, recolectar ingredientes y conservarlos.
Con el paso del tiempo, esa experiencia se convirtió en un oficio de vida. Adela calcula cerca de 40 años dedicados a la cocina tradicional, actividad que hoy representa su principal ocupación. Actualmente prepara guisos y vende taquitos en la calle.
Además de la cocina, la familia conserva otro elemento cultural importante: la lengua otomí, que utilizan para comunicarse y explicar los procesos culinarios tanto en su lengua materna como en español.
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El platillo que representa su tradición
Entre todos los guisos que prepara, Adela tiene uno favorito: el guiso de olla de conejo, un platillo que considera profundamente tradicional dentro de su familia.
Para ella, espacios como la Muestra Gastronómica de Santiago de Anaya resultan fundamentales, ya que permiten mantener vivas las recetas ancestrales y compartirlas con nuevas generaciones.
En su visión, la tradición continuará mientras su familia y su comunidad sigan cocinando con los ingredientes del campo y el conocimiento heredado.
Entre fogones, hierbas y sabores del monte, Adela Ramírez Pérez demuestra que la cocina tradicional no solo alimenta: también guarda historia, identidad y memoria comunitaria.

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