
El declive de un icono nacional no siempre ocurre en el silencio de los canales de Xochimilco; a veces se televisa en el pasillo de un mercado por el precio de un billete de quinientos pesos.
En el emblemático Mercado de Mixiuhca, en la alcaldía Venustiano Carranza, el comercio de la naturaleza mexicana opera con una normalidad pasmosa.
Bastó una sola pregunta en los locales de animales vivos para que un comerciante sacara de la nada un ajolote rosado y lo entregara sin certificado legal de la Semarnat, acompañado apenas de un par de instrucciones banales: agua fresca y un poco de comida.
Sin embargo, detrás de esta transacción exprés se esconde una crisis de conservación profunda, donde una especie críticamente amenazada es tratada como si fuera un vulgar pez de pecera.
El ejemplar rescatado en Mixiuhca terminó en los laboratorios del Instituto de Biología de la UNAM, desnudando la cruda realidad del mascotismo exótico.
“El ajolote no es un pez; es un carnívoro con comportamientos que recuerdan a un reptil”, explica Horacio Mena, médico veterinario y académico de la máxima casa de estudios. Mantener a este anfibio con vida y libre de estrés es un lujo que la mayoría de los compradores ignora.
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No se le puede cuidar como a un pez
La inversión inicial real para su cuidado óptimo ronda los 30 mil pesos, requiriendo acuarios amplios, sistemas de desinfección rigurosos y enfriadores capaces de congelar el agua a unos estrictos 17 grados centígrados.
Comprar un ajolote en el mercado negro por 500 pesos es, casi invariablemente, financiar una sentencia de muerte prematura para el animal.
Mientras el ejemplar rescatado inicia un tratamiento intensivo de vitaminas y rehabilitación en la UNAM, los científicos insisten en que la verdadera batalla no se ganará en los acuarios caseros, sino rescatando las raíces del Valle de México.
En libertad, solo el uno por ciento de los ajolotes logra llegar a la edad adulta, un porcentaje fulminado por la contaminación y la pérdida de hábitat.
Para los expertos, la única solución viable es la inversión directa en los refugios de Xochimilco y el apoyo a los chinamperos locales.
Solo reconstruyendo el ecosistema, y no decomisando animales en los mercados de la capital, se podrá asegurar que el anfibio más famoso de México deje de ser una mercancía clandestina para volver a ser el rey de los canales.
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