Trump y los Big 3: el odio que los mantiene vivos

Digámoslo sin miedo: Trump y los grandes medios estadounidenses se detestan, pero se necesitan.Y eso es exactamente lo que vuelve esta relación tan hipócrita, tan rentable y tan peligrosa.
The New York Times, The Washington Post y The Wall Street Journal se presentan como guardianes de la democracia. Donald Trump se presenta como su principal amenaza. Pero detrás del discurso público hay algo menos noble: una dependencia mutua disfrazada de guerra moral.
Trump no odia a los medios: odia no controlarlos
El presidente no tiene un problema con la prensa como concepto. Tiene un problema con no ser dueño del micrófono. Trump no busca refutar investigaciones, busca deslegitimar al mensajero. Llamar “fake news” a los Big 3 no es una rabieta: es una táctica.
Si logras convencer a tu base de que nadie confiable está contando la historia, entonces solo tu versión importa.
Los Big 3 tampoco son víctimas inocentes
Aquí viene la parte que incomoda a las redacciones.
Los grandes diarios no solo informan sobre Trump: lo convierten en espectáculo permanente. Cada declaración, cada exceso, cada escándalo se transforma en cobertura obsesiva, en alertas, en pódcasts, en especiales interactivos.

Trump vende.
Trump genera clics.
Trump paga suscripciones.
Criticarlo es correcto. Pero explotarlo editorialmente también es negocio.
PUEDES LEER: La incómoda cercanía entre Epstein y la realeza alrededor del mundo
La prensa dejó de observar el incendio y empezó a vivir de él
Antes, el periodismo aspiraba a poner distancia. Hoy, compite por atención en el mismo ecosistema que el político al que denuncia.
Los Big 3 saben que Trump erosiona instituciones. Pero también saben que sin Trump la conversación pierde voltaje.
Y esa es la trampa: cubrirlo es necesario, pero sobreexponerlo también lo normaliza.
Trump quiere ser el único intérprete del país. Los medios quieren seguir siendo el filtro legítimo. Ambos dicen defender a Estados Unidos. Ambos pelean por control narrativo, no por pureza democrática.
Mientras tanto, el lector queda atrapado en un juego binario: o confías ciegamente en Trump, o confías ciegamente en medios que ya no se preguntan suficiente cómo cuentan lo que cuentan.

La verdad incómoda
Trump no va a desaparecer. Los Big 3 tampoco.
Y mientras sigan necesitándose para existir uno para victimizarse, otros para mantenerse relevantes, el periodismo y la política seguirán atrapados en una relación tóxica que beneficia al poder y confunde al ciudadano.

Si quieres enterarte de más, síguenos en Facebook, YouTube o bien en TikTok.










