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El mundo en guerra latente: ¿hemos perdido el rumbo colectivo?

Es 2026 y la idea de un planeta pacífico parece haberse convertido en un espejismo. Los datos más recientes de investigadores especializados muestran que el número de conflictos armados activos en el mundo está en sus niveles más altos desde que se empezó a recopilar este tipo de estadísticas en 1946, el año siguiente a la Segunda Guerra Mundial.

Se contaron alrededor de 61 conflictos en 36 países, una señal clara de que las tensiones no han desaparecido, sino que se han fragmentado y multiplicado.

Desde las guerras de larga duración como la crisis en Oriente Medio incluidos los episodios de violencia que han marcado a Gaza y la Franja, hasta recientes escaladas como la declaración de “guerra abierta”.

Ante este panorama, es inevitable preguntarse qué motiva la persistencia y proliferación de estos conflictos. En gran parte, la geopolítica de las grandes potencias sigue moldeando el tablero global.

La actual estrategia de seguridad de Estados Unidos bajo el gobierno de Donald Trump se basa en una lógica de liderazgo global que, a ojos de críticos y expertos, puede sonar más a control geoestratégico que a estabilidad internacional.

En su reciente discurso sobre seguridad nacional, Trump arremetió contra Iran por sus “ambiciones nucleares” mientras reforzaba posiciones militares en Medio Oriente, una postura que combina retórica dura con un despliegue de fuerza y advertencias, aunque con escasa evidencia pública de amenazas inminentes.


Esta política no opera en el vacío

La búsqueda de control estratégico también se refleja en directivas como las del Departamento de Estado para combatir iniciativas de soberanía de datos en el extranjero, algo que, aunque suena técnico, marca un esfuerzo por mantener la hegemonía estadounidense en tecnología y economía global, incluso frente a naciones como China.

Mientras tanto, la comunidad internacional enfrenta una paradoja: las Naciones Unidas proclamaron 2025 como Año Internacional de la Paz y la Confianza para promover diálogo y entendimiento, pero las estadísticas y los hechos hablan de lo contrario.

Más aún, el desplazamiento forzoso ha alcanzado niveles récord, con decenas de millones de personas obligadas a huir de sus hogares por violencia o persecución, creando crisis humanitarias que trascienden fronteras.


Más política que estadística

¿Qué tipo de “orden mundial” están construyendo las grandes potencias?

Si la seguridad nacional se traduce en intervenciones, alianzas militares y presión económica, pero no en mecanismos efectivos de resolución pacífica, entonces el resultado tangible es un mapa global lleno de zonas de tensión, crisis humanitarias y sociedades fracturadas.

La realidad, por ahora, sugiere que la paz sigue siendo una aspiración distante, eclipsada por estrategias que priorizan el poder sobre la convivencia.


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