El oficio del cantinero, lejos de desaparecer, se fortalece en Pachuca

El futuro del oficio del cantinero se discute con frecuencia, pero en Pachuca la respuesta parece clara: la profesión no se extingue, se transforma. Así lo confirma Francisco Javier Zavala, dirigente de la asociación de bares y cantinas de la capital hidalguense, quien conoce de primera mano la dinámica del sector. Actualmente la organización reúne cerca de 40 bares y cantinas tradicionales.
La asociación impulsa iniciativas que buscan reforzar la identidad cantinera y atraer nuevos públicos. Entre ellas destaca “Cantineando Ando”, un recorrido que organizan dos veces al mes, dicho plan tiene un costo de 399 pesos por persona e incluye botana, traslados y bebidas. Esta ruta permite que los asistentes conozcan espacios históricos y convivan con la cultura viva de las cantinas tradicionales.
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¿Qué sucede con los cantineros?
Sobre el debate del posible fin del oficio, el dirigente sostiene que la ocupación se encuentra más activa que nunca.
Explica que el cantinero de hoy ya no responde al mismo modelo de hace décadas, partiendo sobre que, en los años 60 y 70, cualquier negocio de este tipo necesitaba vender pulque y preparar buenos curados para sostener su reputación. Con el tiempo las preferencias cambiaron y los establecimientos ampliaron sus ofertas, por ejemplo, la coctelería creció, las bebidas dulces ganaron popularidad y los clientes comenzaron a buscar experiencias más completas.

La modernización también alcanzó las instalaciones. En décadas pasadas las cantinas funcionaban principalmente para hombres y ofrecían espacios rústicos e incómodos. Hoy los visitantes exigen ambientes más adecuados, lo que obliga a mejorar cada detalle para atender a públicos diversos.
La capital hidalguense mantiene viva esta tradición en lugares emblemáticos como el famoso Salón Pachuca, Salón Regio, Tratado de Versalles, Los Rones de Don Chino, Cantina Don Cu, El Tapatío, La Barata, La Estudiantina, La Barrica, Artemisa y varios más. Cada uno recibe a todo tipo de clientes y confirma que el oficio de cantinero no desaparece: evoluciona junto con la ciudad.

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