¿Qué pasó con los sospechosos que vaciaron el Louvre de París?

La mañana en que el Louvre abrió sus puertas como cualquier otro día, cuatro hombres entraron y salieron en cuatro minutos con un botín que rozaba los 100 millones de dólares.
Fue en octubre de 2025, a plena luz del día, en la Galería de Apolo, el corazón dorado del museo más visitado del mundo. Las vitrinas quedaron rotas, los guardias atónitos y Francia, en palabras de su propio ministro de Justicia, con la imagen herida ante el mundo.
¿Y los responsables?
La cacería comenzó rápido. Cuatro sospechosos fueron detenidos, uno de ellos cuando estaba a punto de abordar un vuelo en el aeropuerto Charles de Gaulle. La pista clave no fue un testigo ni una cámara: fue el ADN encontrado en herramientas y en una motocicleta usada para la huida.
Entre los arrestados hay hombres con antecedentes penales y una mujer que, según la fiscalía, formaba parte de la logística del golpe. Permanecen en prisión preventiva, acusados de robo en banda organizada y sustracción de patrimonio cultural.
El botín, sin embargo, sigue siendo un fantasma. Nueve piezas de la colección de joyas de la emperatriz Eugenia incluida una tiara y un broche desaparecieron. Solo la corona fue abandonada durante la fuga, como si los ladrones hubieran tenido que elegir qué salvar y qué soltar en su carrera contra el tiempo.
Las autoridades ahora intentan responder la pregunta que vale millones: ¿siguen las joyas en Francia o ya cruzaron fronteras rumbo al mercado negro?

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La reconstrucción del golpe parece sacada de un guion. Un elevador mecánico montado en un vehículo los llevó hasta un balcón cercano al Sena. Cortaron una ventana, redujeron a los guardias y rompieron dos vitrinas.
Todo ocurrió en menos tiempo del que tarda un turista en comprar una postal en la tienda del museo. Un informe preliminar reveló el detalle más inquietante: una de cada tres salas no tenía cámaras de seguridad funcionando.
Hoy, el Louvre luce más vigilado que nunca. Más cámaras, más rondines, más protocolos. Pero el eco del robo sigue ahí, flotando entre los pasillos dorados. Porque en esta historia, los detenidos están tras las rejas, pero las joyas las verdaderas protagonistas siguen en libertad.

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