¿Por qué a nuestra generación le cuesta tanto comprar una casa?

Seguramente lo has escuchado en una comida familiar o lo has leído en algún post de LinkedIn escrito por un “gurú” financiero: “Si dejaras de gastar en ese café de sirena diario y en tus suscripciones de streaming, ya tendrías para el enganche de un departamento”.

La narrativa es cómoda porque culpa al individuo, pero la realidad es mucho más cínica. A nuestra generación (25-40 años) no nos falta disciplina financiera; nos falta un mercado inmobiliario que no parezca diseñado por un algoritmo de Wall Street.


Los números no mienten

Vamos a los datos duros, porque aquí es donde el mito del “café de 100 pesos” se desmorona. Según el Índice de la Sociedad Hipotecaria Federal (SHF), en el primer trimestre de 2024, el precio de la vivienda en México aumentó un 9.7% a nivel nacional . En zonas como Tijuana, Monterrey o Querétaro, el incremento superó el 11%.

Mientras tanto, la inflación general ronda el 4.4% y los salarios de los profesionistas jóvenes apenas se mueven. Un profesionista promedio en México gana entre 8,000 y 12,000 pesos mensuales.

Si consideramos que el precio promedio de una vivienda “media” en México es de 1.7 millones de pesos , un joven tendría que ahorrar su salario íntegro (sin comer, sin vestir, sin pagar renta) durante más de 14 años solo para cubrir el costo total.

El enganche promedio (un 10-20%) representa casi dos años de trabajo total. No es el café; es la brecha.


“Vivienda como Inversión” vs. “Vivienda como Derecho”

El problema de fondo es que la vivienda dejó de ser un refugio para convertirse en un activo financiero. La entrada de plataformas de renta corta y la especulación inmobiliaria han hecho que los departamentos en zonas céntricas de la CDMX, Guadalajara o Monterrey se construyan pensando en inversionistas que los rentarán por noche, no en familias que quieran vivir ahí.

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Esto genera un efecto dominó: los precios suben, los locales son desplazados a las periferias y el tiempo de traslado al trabajo aumenta, mermando nuestra calidad de vida.

Estamos pagando rentas que representan el 40% o 50% de nuestros ingresos, lo que hace que la capacidad de ahorro para un enganche sea, literalmente, inexistente.


El laberinto del crédito

Incluso si logras ahorrar para el enganche, te enfrentas al jefe final: el banco. Con tasas hipotecarias promedio del 11.5% , el costo total de una casa se duplica o triplica al final del crédito. Para un departamento de 1.5 millones, el banco te pedirá demostrar ingresos de al menos 35,000 a 45,000 pesos mensuales.

¿Cuántos jóvenes de 28 años conoces que ganen eso de manera formal y estable? La respuesta explica por qué el Infonavit y los bancos están viendo una caída en la colocación de créditos entre los menores de 35 años.


¿Hacia dónde vamos?

Esta no es solo una crisis de ladrillos; es una crisis de futuro. Cuando una generación no puede echar raíces, se posponen decisiones vitales: formar una familia, emprender o simplemente tener la estabilidad mental de saber que no te pedirán el departamento el próximo mes porque el dueño decidió subir la renta un 30%.

Necesitamos dejar de romantizar la “economía colaborativa” y empezar a exigir políticas públicas reales: regulación de rentas, incentivos para vivienda social en zonas céntricas y esquemas de crédito que entiendan que hoy el trabajo es freelance y flexible.



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