
Estados Unidos amenaza con cerrar el espacio aéreo a los vuelos mexicanos y la presidenta Claudia Sheinbaum responde como si nada: “No hay razón para sanciones”. ¿De verdad?
Mientras Trump afila su discurso nacionalista, lanza una advertencia directa, si México no da marcha atrás con la reducción de vuelos en el AICM y no abre el diálogo, van a vetar los vuelos que vienen del sur. Así nomás.
Y no es un susto cualquiera, esto sería un golpe durísimo a la economía, el turismo y la industria aérea mexicana, justo en uno de los momentos más tensos para la relación bilateral.
Las aerolíneas temen por su futuro
Y lo peor, las aerolíneas mexicanas serían las más afectadas, ya que la medida de reducir vuelos casualmente no aplicó para aerolíneas extranjeras.
O sea, nos disparamos en el pie… con estilo presidencial.
Mientras la Canaero pide diálogo y pone cara de “esto nos va a doler a todos”, la presidenta sigue en modo zen diciendo que todo es por la “seguridad y soberanía”. Qué bonita forma de decir: “Ahí se los encargo, pero yo no me muevo”.
¿Qué hay detrás de esto?
- EE. UU. podría bloquear vuelos desde México en cualquier momento.
- El flujo comercial y turístico se vería severamente afectado, sobre todo por Aeroméxico, Viva Aerobus y Volaris.
- La medida solo afectó a aerolíneas mexicanas, no a internacionales. ¿Coincidencia?
- El gobierno mexicano no consultó con la industria antes de mover operaciones al AIFA.
- La respuesta oficial fue: “No pasa nada, todo bien, somos soberanos”.

Este nuevo capítulo en la relación México–EE. UU. no es solo un problema de vuelos, es una muestra de cómo una mala gestión puede desatar tormentas internacionales y llegar a ser un serio problemón para el país.
Y mientras tanto, Sheinbaum guarda la calma en esta turbulencia que esta sintiendo desde su austero avión llamado “Presidencia”.
DIEGO LEIZA

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