
El Partido Acción Nacional (PAN) presentó su nuevo lema: “Patria, Familia y Libertad”. Suena solemne, incluso inspirador. Pero detrás de esa aparente inocencia se esconde un eco histórico preocupante: es el mismo lema que usaron movimientos fascistas europeos en el siglo XX.
Durante el régimen de Benito Mussolini en Italia y la dictadura de Francisco Franco en España, esos tres conceptos: patria, familia y libertad sirvieron para justificar persecuciones, censura y represión bajo la máscara del orden moral.
No es exagerado decirlo, esas palabras fueron armas ideológicas. Y hoy el PAN las retoma en pleno siglo XXI, en un contexto donde el avance de la ultraderecha global de Milei a Vox se nutre de la misma retórica: miedo, nostalgia y supuesta “defensa de valores”.
“Patria”
El nacionalismo no es malo por sí mismo, pero el problema empieza cuando la patria se usa como filtro moral. Bajo el lema del PAN, patria parece más una herramienta para dividir entre “los buenos mexicanos” y “los demás”, que una invitación a construir nación.
En el fascismo italiano, “la patria” se usó para justificar la violencia contra quienes pensaban diferente; en el franquismo, para eliminar cualquier disidencia.
Hoy, en el discurso panista, ese término resuena como un llamado a la pureza ideológica, una forma de excluir a quienes no encajan en su idea de “mexicano correcto”.
“Familia”
El segundo pilar del lema no es menos inquietante. El PAN insiste en colocar a la familia como núcleo central de su narrativa. Pero en la práctica, su defensa de “la familia” suele excluir a las familias diversas, monoparentales o LGBT+.
Este discurso, idéntico al de la ultraderecha europea, ha sido utilizado históricamente para negar derechos sexuales y reproductivos, oponerse al matrimonio igualitario y limitar la educación con enfoque de género.
En el fascismo, la familia tradicional fue el mecanismo perfecto para mantener el control social y perpetuar la obediencia. En el PAN, el riesgo es el mismo: usar la moral como política pública.
“Libertad”
El tercer término del lema es quizá el más irónico: libertad. En los regímenes autoritarios, la “libertad” se redefinió como la posibilidad de obedecer sin cuestionar.
Hoy, el PAN habla de libertad económica y religiosa, pero calla cuando esa libertad contradice la justicia social, la igualdad o los derechos humanos.
Su concepto de libertad parece más cercano al “sálvese quien pueda” del neoliberalismo que a una idea de libertad colectiva.
Cuando se habla de libertad, pero se defienden privilegios, lo que hay no es democracia: es simulación.
No es coincidencia
Hoy el PAN parece usar la misma estrategia: replegarse hacia el conservadurismo radical para reconectar con una base electoral perdida, aunque eso signifique normalizar discursos excluyentes y reaccionarios.

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La nueva narrativa panista no es aislada: forma parte de una tendencia global. Partidos como Vox en España, Fratelli d’Italia o los republicanos más conservadores en EE. UU. usan el mismo lenguaje.
Un eco del fascismo
El lema “Patria, Familia y Libertad” es un eco peligroso de los regímenes fascistas del siglo XX. Lo usaron Mussolini en Italia y Franco en España para justificar censura, represión y una moral única impuesta por el Estado.
Que hoy el PAN lo adopte como bandera revela no un proyecto moderno, sino un retroceso ideológico que romantiza valores autoritarios bajo el disfraz de “principios”.
El problema no es hablar de patria, familia o libertad; el problema es cómo y desde dónde se invocan. En este contexto, el PAN no busca proteger esos valores, sino apropiarse de ellos para dictar quién merece ser parte de esa “patria”, qué tipo de “familia” vale y qué clase de “libertad” es aceptable.
Este lema no representa el futuro, resucita un pasado autoritario que muchos ya creíamos superado.


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