
La Navidad mexicana no se vive, se sobrevive. Es esa época del año donde todos prometemos paz, amor y unión familiar… y terminamos discutiendo por el último terreno de la abuela, el recalentado y quién se robó el último romerito.
Porque en México la Navidad no empieza el 24, empieza cuando tu mamá dice: “Este año va a ser algo tranquilo”. Spoiler: nunca lo es.
La cena: un buffet emocional
En una Navidad mexicana hay comida como si viniera medio pueblo, aunque solo estén los mismos de siempre.
Pavo seco que nadie pidió, bacalao que solo le gusta a dos personas pero se cocina para diez, romeritos que dividen familias y un espagueti blanco que claramente no es navideño, pero ahí está, firme, como tío incómodo.
Y claro, la tía que pregunta si ya bajaste de peso, mientras ella se sirve una tercera porción “chiquita”.
La familia: amor, pero con comentarios
La Navidad también es el momento oficial de las preguntas incómodas:
— ¿Y el novio?
— ¿Y el trabajo?
— ¿Para cuándo el bebé?
Todo mientras intentas no atragantarte con la ensalada de manzana y finges que no te afecta, aunque por dentro ya estés planeando mudarte a otro país.
El intercambio: expectativa vs. realidad
En teoría, el intercambio es para convivir. En la práctica, es un campo minado de decepciones.
Tú pensaste en un regalo bonito, envuelto con amor… y te toca una taza que dice “Best Boss” o una vela con aroma a “invierno genérico”.
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Eso sí, todos sonríen y dicen “me encantó”, porque en Navidad se miente por convivencia.
La peda: el verdadero espíritu navideño
A las 11 de la noche ya hay alguien llorando, alguien bailando Juan Gabriel y alguien contando historias que nadie pidió pero todos escuchan.
El primo que solo ves una vez al año ahora es filósofo, el tío ya sacó el tequila “para brindar” y la abuela observa todo en silencio, juzgando.
El recalentado: la verdadera joya
Si somos honestos, la mejor parte de la Navidad es el recalentado. Ese momento mágico donde todo sabe mejor, nadie discute y puedes comer en pijama sin explicarle tu vida a nadie.
La Navidad mexicana es caótica, exagerada, ruidosa, sentimental y llena de contradicciones. Nos quejamos, nos burlamos… pero no la cambiaríamos por nada.
Porque entre el desorden, los abrazos incómodos y el drama innecesario, ahí está lo que somos: familia, aunque a veces nos saque canas verdes.
Porque así es la Navidad en México:
imperfecta, intensa, ruidosa y profundamente nuestra.
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