
Algo está pasando con el agua en México, pues mientras muchos estados siguen rogando por lluvia y enfrentan sequías que se alargan, el Sistema Cutzamala —una de las fuentes más importantes de abastecimiento para la Ciudad de México— acaba de alcanzar un nivel histórico del 96% de almacenamiento.
El sistema que hace apenas un año estaba al borde de la preocupación, hoy guarda más de 752 millones de metros cúbicos de agua, su cifra más alta desde 2017. Una buena noticia que da un respiro y, al mismo tiempo, despierta una gran pregunta: ¿cómo es posible que tengamos tanta agua en las presas mientras algunas zonas de México se están secando?
De acuerdo con Conagua, el Cutzamala está tan estable que no hay riesgo de desbordamiento; incluso Protección Civil mantiene monitoreo constante por precaución. En caso de que el nivel siga subiendo, se harían desfogues controlados, es decir, liberar poco a poco el exceso de agua hacia ríos cercanos sin causar daños.
El ingeniero geólogo Alejandro Méndez asegura que este almacenamiento podría garantizar abasto para los próximos dos años, siempre y cuando se mantenga el ritmo de lluvias. Sin embargo, advierte que la verdadera preocupación está bajo nuestros pies: el agua subterránea, esa que proviene de los acuíferos, representa más del 49 % del consumo de la capital y sigue siendo una fuente que se está agotando lentamente.
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Mientras el Cutzamala celebra su mejor nivel en casi una década, 157 municipios del país viven el escenario opuesto. Desde Chihuahua y Sonora hasta Coahuila, la sequía golpea con fuerza, dejando tierras secas, pozos vacíos y comunidades enteras esperando cada gota.
La paradoja es clara: tenemos agua, pero no donde más se necesita. Por eso, especialistas insisten en que este logro debe verse como una ventana de oportunidad, no como el final del problema. “Durante dos o tres años no tendremos complicaciones por agua superficial, pero debemos mirar hacia el subsuelo”, explica Méndez.
Aun con todo, hay esperanza. El incremento en los niveles de las presas significa que la naturaleza todavía responde, que los ciclos de lluvia siguen vivos y que, si actuamos con inteligencia, podemos equilibrar el uso del agua entre lo visible y lo invisible.
El agua del Cutzamala nos da una tregua con este 96% de almacenamiento, pero también nos lanza un mensaje: no hay milagros eternos, solo oportunidades que debemos cuidar antes de que se evaporen.
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