
Las instalaciones de Do Ho Suh se levantan como arquitecturas fantasmales que parecen flotar en el aire. No son casas hechas de ladrillo, madera o cemento, sino de telas translúcidas, cosidas con paciencia y precisión, que convierten lo cotidiano en algo más profundo.
En sus obras, un simple pasillo o una escalera se vuelven pasajes de la memoria, espacios donde el tiempo se suspende y lo doméstico adquiere un tono poético.
Lo más fascinante es cómo logra transformar el hogar, ese lugar tan íntimo y cargado de emociones, en un escenario compartido, donde cada visitante puede proyectar sus propias nostalgias.
Como lo doméstico, lo cotidiano y hasta lo banal se transforman en algo sublime gracias a la fragilidad del material.
El hogar como equipaje
Suh, nacido en Corea y con una vida marcada por constantes mudanzas entre Seúl, Nueva York, Berlín y Londres, concibe sus piezas como “casas maleta”.
Son livianas, portátiles y tan frágiles como los recuerdos que representan. Sus estructuras son metáforas de una identidad globalizada, donde la pertenencia se fragmenta entre territorios y lenguas.
Al recorrer sus pasadizos de tela, entendemos que “hogar” ya no es solo un espacio físico, sino también un estado mental y emocional. Sus casas no son sólidas: son transparentes, como lo son nuestras memorias y afectos, siempre cambiantes y vulnerables.
La estética de lo efímero
Do Ho Suh no busca monumentalidad en el sentido tradicional, aunque sus piezas sean gigantescas. Su grandeza reside en la fragilidad, en ese aire de lo transitorio que nos recuerda lo poco que dura la permanencia.
Cada detalle, un interruptor de luz, una cerradura, una ventana, está reproducido con precisión obsesiva, pero al mismo tiempo parece deshacerse frente a nuestros ojos.
Es una estética que oscila entre lo real y lo intangible, donde el espectador no solo observa, sino que entra, habita y siente. En este sentido, sus obras no son esculturas estáticas, sino experiencias, viajes sensoriales.
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Do Ho Suh convierte la arquitectura en una forma de autobiografía y de filosofía. La solidez de la arquitectura convertida en poesía translúcida.
Sus casas de tela no solo son reconstrucciones físicas, sino también mapas emocionales que nos recuerdan lo que hemos perdido, lo que seguimos llevando con nosotros y lo que aún buscamos en la idea de hogar.
Su trabajo nos obliga a preguntarnos: ¿qué necesitamos realmente para sentirnos en casa?
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