Selfies: la versión editada de quienes somos

Tomarse una selfie es casi automático. Sacas el celular, buscas el ángulo, ajustas la luz, tal vez un filtro… y listo. Pero lo que parece un gesto simple dice más de lo que creemos. Para muchas personas jóvenes, la selfie se ha convertido en una forma de presentarse ante el mundo.
Raúl Arenas García, investigador del Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades de la UAEH, explica que las selfies influyen directamente en cómo construimos nuestra identidad, porque afectan lo que pensamos de nosotros mismos, cómo nos sentimos y cómo creemos que los demás nos ven.
En redes sociales, nadie sube la historia completa. Compartimos fragmentos: el mejor momento, la mejor cara, el día que salió bien. Cada foto es una elección: qué mostrar, qué ocultar y qué versión de nosotros queremos que circule.
El detalle está en lo que viene después. Los likes, los comentarios, las reacciones. Cuando una selfie no funciona, se borra. Cuando explota, se siente bien… aunque sea por un rato. Poco a poco, la validación digital empieza a mezclarse con la autoestima real.

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El problema no es tomarse selfies. El problema es cuando la imagen empieza a pesar más que la experiencia, cuando vivimos pensando en cómo se verá algo antes de preguntarnos cómo se siente.
Las redes no van a desaparecer y tampoco las selfies. Pero, como advierte Arenas García, lo que publicamos también construye nuestra reputación, personal y profesional. No todo es para subirlo, y no todo lo que subimos nos representa por completo.
Al final, la pregunta no es cuántos likes tiene una foto, sino qué tanto se parece esa imagen a quien eres cuando nadie está viendo.

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