Hidalgo

La alianza entre mujeres, clave para la transformación feminista

Para Ericka Jauregui, el bordado trasciende la simple costura. Con más de dos décadas de experiencia, ella transforma esta labor en un lenguaje de resistencia y acompañamiento.

En el marco del Día Internacional de la Mujer, su testimonio cobra relevancia al proponer la sororidad no como una moda, sino como una práctica de apoyo mutuo que rompe el mito de la rivalidad femenina.

A través de sus talleres gratuitos, Erika construyó un refugio donde mujeres de todas las edades encontraron un espacio para compartir sus vivencias y transformar dolores antiguos en piezas de arte.

​El peso de ser la “Mujer Perfecta”

​En la actualidad, ser mujer implica cargar con un exceso de exigencias que Ericka identifica como una lucha constante contra el reloj y las expectativas sociales.

Ella reflexiona sobre cómo la vida moderna demanda que las mujeres funcionen como excelentes esposas, madres, hijas y profesionistas, olvidándose casi siempre de sus propios deseos. Existe una presión invisible por no envejecer y por cumplir con estándares de belleza que generan rechazo hacia el propio cuerpo, un papel de feminista empoderada” que a veces exige más de lo que el alma puede dar sin romperse.

​Ante este agotamiento, Ericka sostiene que todo funciona mejor si lo desconectas. Para ella, tomarse un respiro no representa un acto de egoísmo, sino una necesidad vital para regresar al propio centro y recargar energía desde el amor propio.

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Un espacio para darte un respiro

​Bajo esa visión de bienestar integral, Erika emprendió su propio negocio de masajes “Henko” en Pachuca.

El nombre representa un “punto de inflexión”, simbolizando el cambio decidido que una persona toma frente a la vida a pesar del miedo. El negocio busca que cada persona se sienta apapachada y respetada, disolviendo las tensiones físicas y emocionales acumuladas por las presiones del día a día.

​El legado: Dar la vida misma

​Como cierre, Erika nos regala una reflexión sobre la trascendencia de la mujer más allá de lo material. Ella sostiene que cuando una mujer comparte su conocimiento, entrega la vida misma, pues el tiempo es lo único que jamás se recupera.

Para eso estamos las mujeres, para poder compartir y para poder apoyarnos, afirma Erika, subrayando que nuestra importancia radica en la capacidad de transformar el dolor en algo constructivo para las siguientes generaciones.

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