La vaquita marina a nada de extinguirse: quedan menos de 10

En el norte del golfo de California, el silencio se volvió peligroso. Quedan menos de diez vaquitas marinas vivas. No es una cifra para un titular: es una cuenta regresiva real.

La pequeña marsopa a la que llaman “el panda del mar” por sus manchas oscuras alrededor de los ojos ha perdido 98% de su población en tres décadas. No se está extinguiendo “algún día”. Se está extinguiendo ahora.


¿El culpable?

El enemigo no es la naturaleza: es la red agallera. Las vaquitas mueren atrapadas en redes ilegales colocadas para capturar totoaba, un pez cuyo buche se vende en Asia como lujo extremo.

Aunque la pesca de totoaba está prohibida en México desde hace décadas, el negocio sigue vivo. En 2025, el gobierno decomisó kilómetros de redes con decenas de totoabas muertas.

La ley existe; la aplicación, no alcanza. El resultado es brutal: una especie atrapada como daño colateral de un mercado negro global.

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Salvar a la vaquita ya no depende de discursos, sino de decisiones incómodas: sacar las redes del agua de forma permanente, pagar y acompañar a pescadores para cambiar de artes de pesca, vigilar de verdad y cerrar la demanda en Asia.

Hay señales de esperanza: se han visto crías recientes, una prueba de que la especie todavía puede reproducirse si la dejamos en paz. Pero el tiempo no es un aliado.

Cada día sin redes es vida; cada red más es una pérdida irreversible. Si el mundo quiere salvar a la vaquita, tiene que hacerlo ya, no cuando solo quede una foto.



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