
En un mundo que premia la inmediatez y la saturación visual, la obra de Romain Laprade funciona como un antídoto a todo eso, es una invitación a detenerse, a respirar y a mirar de nuevo lo que creíamos conocer.
El fotógrafo francés, nacido en 1989, ha desarrollado un lenguaje visual que combina la precisión compositiva con la intuición, destacando en los espacios a sus elementos más esenciales: luz, color y forma.
Laprade no fotografía personas. Y esa ausencia es un gesto para que el protagonismo lo tengan los lugares y los objetos que normalmente pasarían desapercibidos.
Fachadas bañadas por el sol, interiores silenciosos, sombras, o geometrías perfectas. Cada imagen parece estar suspendida en un tiempo intermedio.
Un ojo formado entre la moda y la contemplación
Antes de lanzarse como fotógrafo independiente, Laprade trabajó como diseñador gráfico en Vogue Paris y en la revista Holiday. Esa experiencia se percibe en sus obras, con un rigor editorial en su encuadre, pero también una suavidad narrativa que lo aleja de la fotografía de moda tradicional.
Sus tonos cálidos, composiciones limpias y manejo magistral de la luz le han convertido en una firma reconocible en pocos años, lo que ha llevado a marcas como Hermès, Aesop, Rimowa o Isabel Marant a buscar su trabajo.
El poder de lo mínimo
La influencia de la arquitectura modernista es evidente. Líneas rectas, volúmenes claros, superficies pulidas. Pero Laprade no se limita a solo registrar edificios o estructuras, los despoja de distracciones para revelar su alma.
Como si cada fotografía fuese un estudio de carácter, se enfoca en el encuentro exacto entre luz y materia, en ese instante fugaz que transforma una pared cualquiera en un poema visual. No hay acción, no hay narrativa explícita… y, sin embargo, hay atmósfera, tensión y belleza.
Una estética que emociona
Laprade pertenece a esa estirpe de fotógrafos que no necesitan gritar para ser escuchados. Su lenguaje visual es deliberado, cada imagen está calculada para que el ojo se detenga, pero también para que la mente divague.
En tiempos en los que la imagen se confunde con la sobreproducción y el ruido digital, Romain Laprade recuerda que en una sombra proyectada o en una línea de fachada puede caber tanta emoción como en la más compleja escena.
Convierte la luz, el color y la forma en un lenguaje propio, es capaz de transformar lo cotidiano en escenas de contemplación pura. Influenciado por la arquitectura modernista construye silencios.
Laprade cuestiona la mirada acelerada de nuestra época y propone un ejercicio de resistencia visual. Detenerse, respirar y descubrir que lo aparentemente saturado guarda una profundidad inagotable.
La definición de su trabajo es entrar en un universo donde el tiempo queda en espera y el mundo se vuelve más claro, más limpio, más esencial, todo con un hilo en común, la capacidad de encontrar emoción en lo simple.
Aquí la puerta a su universo visual: https://romainlaprade.com/LATEST
DIEGO LEIZA
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