
Jimmy Kimmel volvió al aire y no se guardó nada contra Donald Trump, pues en su regreso, el comediante dejó claro que lo que está haciendo el presidente es “antiestadounidense”.
Resulta que suspendieron a Kimmel unos días tras un comentario sobre el asesinato de Charlie Kirk, pero el problema no fue el chiste, sino que a Trump le ardió y empezó a presionar para que lo sacaran del aire.
O sea, el señor que en 2022 se llenaba la boca diciendo que sin libertad de expresión no hay país libre, ahora anda como policía de la risa, decidiendo qué se puede decir y qué no. Bien hipócrita el asunto.
El colmo fue cuando el titular de la FCC, Brendan Carr, salió con amenazas estilo mafioso en un podcast, tal cual si fuera villano de caricatura. Hasta Ted Cruz dijo que sonaba como mafioso. Imagínense lo grave que está la cosa.
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Kimmel, entre risas y seriedad, advirtió en su regreso que esto ya no es solo contra comediantes como él, sino contra periodistas. Trump no solo amenaza, también acosa y demanda a medios. Incluso en el Pentágono ahora hacen que los reporteros firmen papeles para no revelar nada que no “autorice” la Casa Blanca. ¿Libertad de prensa? Bien gracias.
Y lo más loco es que gente que jamás ha sido fan de Kimmel, como Ben Shapiro o Mitch McConnell, lo defendieron porque entendieron que aquí no se trata de un chiste, sino de un ataque frontal a la libertad de expresión.
Kimmel cerró con una reflexión dura pero real: “Si a un comediante lo quieren silenciar por una broma, imaginen qué pueden hacer con quienes manejan información más seria”. Y sí, Trump podrá decir misa, pero usar el poder para callar voces incómodas no es otra cosa que dictadura disfrazada.
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