El origen oculto del árbol de Navidad: así nació una tradición

El árbol de Navidad ese símbolo que hoy ilumina casas, plazas y centros comerciales en todo el mundo no nació en Estados Unidos, sino en Alemania, donde en el siglo XVI comenzó a tomar forma tal como lo conocemos: un abeto decorado con velas reales, símbolo de luz, esperanza y renovación en pleno invierno europeo.
La tradición germana, vinculada tanto a celebraciones cristianas como a costumbres paganas de venerar árboles durante el solsticio, fue evolucionando lentamente.
Pero no fue sino hasta el siglo XIX cuando el árbol cruzó mares y fronteras, gracias a la migración europea y a un momento histórico clave: la Navidad de 1848, cuando la reina Victoria y el príncipe Alberto (de origen alemán) fueron retratados junto a su árbol decorado en el Palacio de Windsor.

Esa imagen, reproducida en periódicos estadounidenses, encendió la chispa para que el árbol se volviera tendencia en Norteamérica.
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Estados Unidos lo adoptó y reinventó a su estilo: luces eléctricas, adornos masivos, concursos, espectáculos y el icónico encendido del Rockefeller Center.
Pero la raíz, la chispa original, siempre será alemana. Un recordatorio de que, detrás de cada tradición global, existe una historia íntima, casi doméstica, nacida en una cultura particular y amplificada por el tiempo, la migración y la magia colectiva.
Hoy, el árbol de Navidad no solo decora espacios; representa unidad, memoria y un puente entre culturas. Y aunque cambien los adornos, los colores o las costumbres, algo permanece intacto: la necesidad humana de crear luz en medio del invierno.

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