
Pocas galletas tienen un origen tan curioso como las Marías. ¿Sabías que nacieron por un match real, más escandaloso que el de cualquier telenovela?
En 1874, una panadería británica (Peek Freans) creó estas delicias para celebrar el matrimonio de la Duquesa María de Rusia con el hijo de la Reina Victoria.
Tanto así que decidieron que las galletas llevarían grabado el nombre de la duquesa. Pero lo mejor vino después, cruzaron miles de kilómetros y se volvieron más mexicanas que el chile en nogada.
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De la realeza a tu lonchera
Aunque llegaron a México de la mano de migrantes españoles, gracias a Gamesa, las Marías se enchilaron de cariño nacional.
Su sabor neutro y su textura crujiente las hicieron la base perfecta para postres como el pay de limón, el compañero ideal del café de las abuelas y hasta el salvavidas de las meriendas escolares.
¿Por qué las amamos?
- Son versátiles y sirven para postres, solas, con leche o hasta con cajeta.
- Baratas y pueden durar años guardadas (bueno, casi) sin perder su crunch.
- Tienen más historia que el libro de texto gratuito.
- Nuestras abuelitas nos enseñaron a comerlas porque tienen más calcio que otras galletas del mercado.
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