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El universo esencial de una identidad: Toyin Ojih Odutola

Hablar de Toyin Ojih Odutola es adentrarse en un universo donde el dibujo se convierte en un relato poético.

Nacida en Nigeria y criada en Alabama, la artista ha hecho de la piel y la identidad un territorio simbólico, un espacio que se despliega en múltiples lecturas.

En sus obras no se limita a retratar personas afrodescendientes: las coloca en escenas de dignidad, abundancia y cotidianidad, cuestionando los relatos dominantes que históricamente las han reducido al dolor.


Ficciones fundamentales

Ojih Odutola construye ficciones familiares, mitologías alternativas y realidades paralelas, donde la presencia afrodescendiente no es marginal, sino esencial y plena.

Toyin convierte el retrato en un acto de invención, la piel aparece trabajada como mapa, una topografía de trazos que brilla y respira, donde cada línea y mancha es a la vez textura y memoria. Frente a la solemnidad del retrato decimonónico, ella interpone sillas desordenadas, camisas desabotonadas y miradas que no posan sino que rememoran; así transforma la nobleza en escena cotidiana y la opulencia en un laboratorio estético.

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Más allá de la exquisitez formal, Toyin escribe genealogías ficticias, archivos de posibilidades que rehacen la historia sin violencia documental: sus personajes son capítulos vivos de una novela que cuestiona la linearidad del pasado.

Al imaginar familias aristocráticas, alianzas matrimoniales y afectos que desafían normas sociales, la artista abre interrogantes sobre género, deseo y pertenencia, matices que en su contexto adquieren carga política; poner en escena un amor entre herederos, por ejemplo, es tanto gesto íntimo como acto de visibilización.


Retratos con identidad

Hace una reflexión sobre la identidad como construcción fluida, no como esencia fija. Sus personajes, con piel convertida en un palimpsesto de líneas y capas, parecen recordarnos que el ser no es algo dado, sino algo que se escribe y reescribe en el tiempo.

Esa densidad visual es metáfora de lo que somos: mezcla de herencias, memorias, ficciones y deseos. Al vestir a sus figuras con trajes elegantes o situarlas en interiores lujosos, no busca solo darles estatus, sino reclamar para ellas un espacio simbólico de reconocimiento, allí donde históricamente fueron marginadas.


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