
Desde que Sofía Guerrero descubrió la acuarela en 2016, su práctica artística ha puesto en diálogo dos mundos, el objeto cotidiano y la materialidad líquida del color.
Graduada en diseño industrial, ella lleva consigo una formación técnica que sabe de proporciones, de estructura, de material; es decir, conoce bien lo que hay detrás de las formas, antes incluso de pintarlas.
Nostalgia y luz sensible en la obra
Lo realmente llamativo en su obra no es solo la representación fiel del objeto, sino la intención de mostrar su esencia, aquello que no se ve a simple vista, cómo la luz que atraviesa el plástico translúcido, cómo los bordes internos, las sombras que atraviesan sus propias capas, generan una vivacidad casi interna.
Esa transparencia que parece frágil, y de otro material, da lugar a efectos visuales de ambigüedad: ¿es objeto real, dibujo, ilusión?, ¿dónde está lo material y dónde lo visual?
Un clásico Game Boy, flotadores, pistolas en varios colores, no apelan al objeto como fetiche ni como arma de crítica directa, sino al objeto como estructura, en donde la textura, el color, la geometría, y densidad visual se vuelven los protagonistas de su arte.
Escenario de identidad, estilo y recepción
Sofía está trabajando en un momento donde las redes sociales no son un simple medio de entretenimiento, sino que son parte del proceso de autorrepresentación y de procesos creativos.
Los objetos que elige son en muchos casos nostálgicos, reconocibles, lo que crea un puente emocional con quien observa: consolas, juguetes, objetos plásticos translúcidos que décadas atrás eran cotidianos, ahora objetos de encanto estético.
El producto dentro de la estética
Sofía aporta una voz distinta. No busca solo paisajes, retratos o composiciones flora-fauna, sino que fija su mirada en lo manufacturado, lo cotidiano, lo transparente, lo que está a medio camino entre la memoria y la sensibilidad estética.
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Al pintar objetos translúcidos, quizá también habla del desecho, del plástico, de lo que envejece, de lo que se vuelve nostálgico.
Luz, sombra y transparencia
Las obras son más que una demostración de habilidad con la acuarela, es una meditación sobre la luz, la transparencia, la memoria del objeto, la huella material de lo que usamos, lo que vemos, lo que dejamos atrás.
En su obra, lo cotidiano se torna una revelación estética; lo transparente se vuelve metáfora de lo que está detrás de lo visible. Muestra una sensibilidad con el material real del objeto y un proceso de control directo sobre los trazos y su percepción del mismo.
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