El FBI catea el domicilio de una periodista… ¿Libertad de prensa?

El FBI entró a la casa de una periodista del Washington Post. No fue una escena de película ni una filtración viral: fue un cateo real, autorizado por el gobierno de Donald Trump, en una investigación por presunta información clasificada. Y sí, es tan grave como suena.
La reportera, Hannah Natanson, cubría despidos y tensiones dentro del aparato federal cuando agentes federales incautaron su teléfono, su laptop y hasta su reloj inteligente.
Según las autoridades, ella no es la investigada, pero su trabajo quedó en el centro del operativo. Algo extremadamente inusual en un país donde la ley protege al menos en teoría el material periodístico.
Expertos en libertad de prensa lanzaron la alerta: esto puede enfriar al periodismo entero. Si reportar incomoda al poder y el castigo es un cateo, el mensaje es claro.
La pregunta ya no es quién filtró la información, sino hasta dónde puede llegar el Estado cuando decide que la prensa estorba.

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El caso revive el debate sobre los límites del gobierno frente al periodismo y el riesgo de criminalizar la labor informativa bajo el argumento de la seguridad nacional.

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