El enigma de la “luz congelada”: cuando los fotones se convierten en cristal

La ciencia acaba de demostrar que incluso lo más intangible del universo puede ser moldeado como si fuera arcilla.

La luz es por definición, el sinónimo de la velocidad absoluta. Viaja a casi 300,000 kilómetros por segundo, cruzando el vacío sin detenerse ante nada. Pero, ¿qué pasaría si pudieras atraparla, domesticarla y obligarla a quedarse quieta, formando una estructura sólida?

Un equipo de científicos en Italia (del CNR Nanotec y la Universidad de Pavía) acaba de lograr algo que desafía la lógica.

Han inducido un estado cuántico donde la luz parece “congelarse” en el espacio, comportándose como algo que la ciencia llama un supersólido.

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Algo que no debería existir 

Para lograr este truco de magia cuántica, los investigadores no usaron espejos ni cajas. Crearon una especie de “monstruo de Frankenstein” subatómico llamado polaritón.

Imagina que un fotón (partícula de luz) y un excitón (un par de electrón y hueco en un semiconductor) chocan y se fusionan. El resultado es una cuasipartícula que tiene la agilidad de la luz pero la masa de la materia. Los científicos inyectaron estos polaritones en una estructura de arseniuro de galio diseñada con micro-ranuras de precisión casi molecular. Lo sé, demasiado científico para entenderlo.

Magia científica

Aquí es donde el misterio se vuelve profundo. Un supersólido es una fase de la materia que rompe las reglas del sentido común:

Es un sólido: tiene una estructura periódica y ordenada, como un cristal de hielo o un diamante.

Es un superfluido: Fluye sin ninguna resistencia ni fricción.

Es decir, es un material que es rígido y al mismo tiempo, fluye a través de sí mismo como un fantasma cruzando una pared. Al aumentar la densidad de estos polaritones, la luz dejó de ser un rayo para convertirse en un patrón cristalino estático. La luz no se “detuvo” porque chocara contra algo; se detuvo porque decidió organizarse en una red cuántica.

Este hallazgo no es solo para alimentar teorías conspiranoicas de laboratorio. Es una llave maestra.

Si podemos “congelar” y estructurar la luz, podríamos crear qubits mucho más estables y memorias cuánticas que no se borren en un microsegundo.

Procesar información usando luz estructurada en lugar de electricidad podría hacer que nuestras computadoras sean miles de veces más rápidas.

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