
En México, la mañana no empieza con el despertador, empieza con el aroma de café que sale de la cafetera, el vaso de unicel en la esquina o la fila eterna en la cafetería.
Esa primera taza parece tener superpoderes: despierta el cerebro, afila la concentración y, por un momento, le baja el volumen al mundo.
¿Es bueno tomar mucho cafe?
La ciencia tiene una explicación simple y elegante. La cafeína estimula la dopamina, el químico del bienestar y la motivación. Por eso, en las primeras horas del día, el café puede sentirse como un pequeño “reinicio emocional”.
Estudios a gran escala han encontrado que quienes beben café con regularidad reportan menos síntomas de depresión, aunque los expertos son claros: no es un tratamiento, ni una cura, ni un sustituto de la terapia o el ejercicio.
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El truco está en la dosis
Psiquiatras y especialistas coinciden en que el punto ideal suele ser una o dos tazas. Menos puede no hacer gran cosa. Más puede convertir la energía en ansiedad, palpitaciones y ese temblor incómodo que delata que te pasaste de la raya.
Además, para los cafeteros de diario, el “subidón” muchas veces es solo aliviar la abstinencia: quitarte el cansancio y el dolor de cabeza que llegan cuando tu cuerpo ya espera su dosis matutina.
Hay que leer el reloj, también. Tomar café muy tarde puede sabotear el sueño, y dormir mal es uno de los atajos más rápidos hacia un mal humor persistente. Los médicos recomiendan evitar la cafeína entre 6 y 12 horas antes de acostarte, sobre todo si eres sensible o propenso a la ansiedad.
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