De madre inmigrante a discurso antiinmigrante: la grieta en la historia de Trump

Antes de que Donald Trump se convirtiera en una figura política muy importante fue simplemente uno de cinco hijos en una familia marcada por dos fuerzas muy distintas: el dinero de la construcción y el coraje de la migración.
Su padre fue Frederick “Fred” Trump, un desarrollador inmobiliario neoyorquino de origen alemán que levantó su fortuna ladrillo a ladrillo en Queens y Brooklyn.
Su madre, Mary Anne MacLeod, llegó a Estados Unidos con apenas 18 años, unos cuantos dólares en el bolsillo y un pasaje desde una isla remota de Escocia.
El padre: el arquitecto del imperio
Fred Trump nació en Nueva York en 1905, hijo de inmigrantes alemanes. A los 15 años ya había fundado su propia empresa constructora, con su madre como socia legal porque él aún no podía firmar contratos.
Con el tiempo, se convirtió en uno de los grandes nombres de la vivienda de posguerra: construyó más de 27 mil departamentos y fue descrito como “uno de los principales constructores de la ciudad”.
Era rico, pero no ostentoso. Quienes lo conocieron lo llamaban frugal. Su único lujo visible era su Cadillac azul marino, que cambiaba cada tres años. Cuando murió en 1999, su fortuna se estimaba en 300 millones de dólares.

Su legado, sin embargo, no estuvo exento de polémica: enfrentó acusaciones por prácticas discriminatorias en la renta de viviendas y por el manejo de contratos públicos en los años cincuenta y setenta.
La madre: si, la migrante que cruzó el océano
Mary Anne MacLeod nació en la isla de Lewis, en las Hébridas escocesas, hija de un pescador y la menor de diez hermanos. En 1930, en plena Depresión, tomó una decisión que cambiaría su vida: emigró sola a Nueva York para trabajar como empleada doméstica.
Los documentos oficiales la describían como “criada” o “niñera”. Vivía con poco, trabajaba mucho y soñaba con más.
Fue en una fiesta en Queens, según algunas versiones, donde conoció a Fred Trump. Se casaron en 1936.

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Mary se naturalizó estadounidense en 1942 y, con los años, pasó de ser una migrante sin recursos a convertirse en filántropa activa en organizaciones como el Ejército de Salvación y los Boy Scouts of America.
El hogar donde creció Trump
Fred y Mary tuvieron cinco hijos, incluido Donald. La familia se movía entre dos mundos: el del negocio inmobiliario que no dejaba de crecer y el de una madre que nunca olvidó sus raíces humildes ni su viaje transatlántico en busca de oportunidades.
Décadas después, Trump recordaría a sus padres como “personas muy diferentes”, unidas por un matrimonio largo y estable.
Él, el constructor disciplinado y duro. Ella, la inmigrante que encontró en Estados Unidos una segunda vida.

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