
Durante años, la política de Nueva York pareció un tablero predecible, candidatos tradicionales, alianzas conocidas y una tensión cíclica entre moderados y progresistas. Y, de pronto, apareció él: Zohran Mamdani, un joven socialista, musulmán, nacido en Uganda y armado con un mensaje simple pero poderoso: hacer de la ciudad más cara del país un lugar donde la gente pueda seguir viviendo.
Además su victoria es histórica por donde se mire, ya que lo convierte en el primer alcalde musulmán de Nueva York y en el más joven en más de un siglo.
Sin embargo no llegó a la cima en silencio, comenzó como un desconocido y terminó arrasando con un movimiento que movilizó a 100,000 voluntarios.
Un entusiasmo pocas veces visto y una comunicación digital enorme.
Mamdani ha obtenido el 50,4% de los votos, frente al 41,6% de Cuomo y el 7,1% de Sliwa, los otros candidatos.
De Kampala a Queens
De hecho Mamdani entiende Nueva York porque la vivió desde cerca.
Llegó desde Kampala Uganda a los 7 años, estudió en el Bronx, trabajó ayudando a familias a evitar desahucios e hizo de la organización comunitaria su brújula política.
En campaña habló en urdu, en español, en inglés; citó a Bollywood y a Bad Bunny con naturalidad; saltó al Atlántico para hablar de renta congelada y rompió el ayuno de Ramadán en el metro para hablar de inseguridad alimentaria.
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No pretendió ser un político tradicional; fue él mismo. Y eso, en una ciudad cansada de discursos vacíos, hizo clic.
La diversidad fue la esencia. Su identidad: musulmán, inmigrante, progresista, nunca la escondió; la puso al frente.
Y aun así, enfrentó ataques islamófobos, presiones de su propio partido e incluso advertencias del presidente Trump, quien llamó a no votarlo y lo acusó de “comunista”.
Los votantes respondieron distinto: lo eligieron con una participación que no se veía desde los años sesenta.
¿Qué definió su campaña?
Su propuesta era clara y directa: vivienda accesible, guarderías gratuitas, transporte público sin costo y una ciudad que deje de expulsar a quienes la construyen cada día.
Para sus críticos, sus planes son demasiado ambiciosos; para sus seguidores, son lo mínimo necesario en una ciudad donde un cuarto de la población vive en pobreza y medio millón de niños se acuesta con hambre cada noche.
Así, Mamdani ganó porque habló de esperanza en una ciudad saturada de miedo político.
Un nuevo capítulo para Nueva York
En su primera conferencia como alcalde electo, Mamdani fue claro:
“Donald Trump, sé que me está viendo. Solo tengo cuatro palabras para usted: ¡suba el volumen!”, clamó desde el atril el recién electo.
“Nueva York seguirá siendo una ciudad de inmigrantes, una ciudad construida por inmigrantes, impulsada por inmigrantes. Y a partir de esta noche, liderada por un inmigrante”, subrayó, entre los vítores de sus seguidores en un evento organizado por su campaña en Brooklyn.
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