
En la literatura mexicana, los personajes LGBT+ han sido por años figuras trágicas, castigadas por su deseo, reducidas al chiste o al trauma. Pero Adonis rompe esa cadena.
Creado por Luis Zapata en su novela En jirones, Adonis no es mártir ni víctima, tampoco cómico ni decorativo. Es un personaje gay orgulloso, deseante, contradictorio, humano.
A diferencia de otros personajes anteriores que vivían en la sombra, llenos de culpa o anhelando ser “normales”, Adonis habita su identidad sin pedir perdón.
Es fuerte, sensible y sin necesidad de que la narrativa lo castigue por ser quien es. Zapata no lo suaviza ni lo oculta, lo pone en primer plano, con deseos, errores y dignidad.
¿Y por qué importa Adonis?
Porque por primera vez, la literatura mexicana dejó de mirar al personaje gay como un “otro trágico” y lo mostró como alguien completo, libre, y sobre todo, sin vergüenza.
Adonis no salva el mundo, pero sí salva un poco de dignidad en las letras. Y eso, en este país, ya es revolución.
Por fin, alguien que no vive con culpa ni se convierte en mártir del drama literario.
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DIEGO LEIZA
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