
El Azteca explotó, las gargantas se quedaron sin voz y el sueño sigue más vivo que nunca. México cerró una fase de grupos histórica con nueve puntos de nueve posibles, algo que pocas veces se ve en una Copa del Mundo.
Primero fue el 2-0 sobre Sudáfrica, después el sufrido 1-0 ante Corea del Sur y ahora una contundente exhibición de 3-0 frente a Chequia que terminó convirtiendo la noche en una auténtica fiesta nacional.
Con goles de Mateo Chávez, Julián Quiñones y Álvaro Fidalgo, el equipo de Javier Aguirre no solo ganó, también convenció.
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El Tri dominó, golpeó en los momentos justos y confirmó que llega encendido a la fase de eliminación directa. La afición respondió como siempre: tribunas repletas, cánticos interminables y un Estadio Azteca que vibró con cada jugada de una selección que hoy ilusiona a todo un país.
La cereza del pastel llegó cuando Guillermo Ochoa ingresó de cambio y recibió una ovación de leyenda, de esas reservadas para los futbolistas que marcaron una época.
Entre aplausos, emoción y un ambiente de Mundial puro, México amarró el liderato de su grupo y ahora pone la mira en los dieciseisavos de final.
El mensaje es claro: este Tri no quiere conformarse con participar, quiere competir, quiere trascender y sueña con llegar más lejos que nunca.
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