
Mientras los reflectores apuntan a América, Chivas, Tigres o Monterrey, Pachuca lleva más de dos décadas construyendo el proyecto deportivo más exitoso y rentable del futbol mexicano.
Los Tuzos no suelen protagonizar las portadas por fichajes millonarios, sino por fabricar futbolistas que terminan brillando en Europa.
Hoy, con Benjamín Mora al frente tras la salida de Esteban Solari, el club inicia un nuevo ciclo sin cambiar su esencia: formar talento, competir por títulos y vender jugadores antes que gastar fortunas en estrellas. Esa filosofía ha convertido al equipo hidalguense en un referente dentro y fuera de México.
Una auténtica fábrica de futbolistas
De sus fuerzas básicas salieron nombres como Hirving “Chucky” Lozano, Erick Gutiérrez, Luis Chávez, Erick Sánchez, Kevin Álvarez y Víctor Guzmán, además de potenciar figuras como Oussama Idrissi, Salomón Rondón o Enner Valencia.

A diferencia de otros clubes, Grupo Pachuca invierte millones en scouting, fuerzas básicas, la Universidad del Futbol y desarrollo integral, un modelo que después exporta al Real Oviedo de España y al Club León. Mientras otros equipos compran jugadores para ser protagonistas, Pachuca prefiere crearlos.
Pero el éxito deportivo también tiene sus contradicciones
El Estadio Hidalgo rara vez luce lleno, incluso cuando el equipo pelea campeonatos o representa a México en torneos internacionales.
Factores como el tamaño de la ciudad, el poder adquisitivo, los horarios y una afición menos numerosa que la de los llamados “cuatro grandes” explican parte del fenómeno.
A eso se suma una playera saturada de patrocinadores, reflejo de un modelo financiero que busca diversificar ingresos para seguir invirtiendo en cantera y no depender únicamente de la taquilla.
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El Pachuca quizá no sea el club más popular del país, pero sí uno de los mejor administrados, más rentables y con una visión deportiva que muchos intentan copiar.
Sin embargo, el gran pendiente de la directiva sigue estando fuera de la cancha. Mientras el proyecto deportivo continúa siendo un referente por su capacidad para descubrir y exportar talento, la conexión emocional con la afición parece haberse quedado estancada.

Pachuca ha construido futbolistas, títulos y prestigio internacional, pero no ha logrado fortalecer el sentido de pertenencia ni convertir a los Tuzos en una pasión masiva dentro de su propia ciudad.
La constante salida de figuras, la poca continuidad de los ídolos y una estrategia de marketing que prioriza el negocio sobre la identidad han provocado que muchos aficionados vean al club como una plataforma de exportación más que como un equipo con el que puedan crear un vínculo de por vida.

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