Salud en Hidalgo, el “cuento de hadas” oficial

Los últimos tres años en Hidalgo han sido una mezcla de grandes anuncios y realidades complejas en el sector salud. Por un lado, las autoridades presumen una transformación con nuevas construcciones y equipos. Por otro, ciudadanos y legisladores señalan un problema de fondo: el acceso a los medicamentos sigue siendo una lotería. Te invitamos a conocer ambos lados de la moneda.
Lo construido: Una inversión visible en cemento y tecnología
Es innegable que ha habido movimiento en la infraestructura de salud del estado. La Secretaría de Salud, liderada por la Dra. Vanesa Escalante Arroyo, ha destacado obras importantes. Se terminó el Hospital General de Actopan, que beneficiará a más de 54,000 habitantes. También se construyeron nuevos centros de salud en comunidades como Huitzila, Almoloya y Pisaflores.
La modernización también llegó con equipos de alta tecnología. Por ejemplo, se adquirió un angiógrafo para el Hospital General de Pachuca y un equipo de Resonancia Magnética para el Hospital del Niño DIF. Además, se implementaron programas innovadores como las brigadas de salud y las rutas de la transformación, llevando consultas y mastografías gratuitas a comunidades alejadas. Programas como “Mensajeras de la salud” y “Vive saludable” buscan promover la prevención entre los jóvenes.
El debate en el congreso y la pregunta incómoda
Sin embargo, este panorama optimista chocó con la realidad durante la comparecencia de la Dra. Escalante en el Congreso. El punto central de la crítica fue el persistente desabasto de medicamentos.
El Diputado Aldo Meza Hernández preguntó directamente:
“¿Qué acciones realiza la Secretaría de Salud para mejorar el abasto de medicamentos en comunidades alejadas?”
La respuesta fue reveladora: la compra de medicamentos no se hace a nivel estatal, sino que es una “compra consolidada” que realiza el gobierno federal. Esta explicación, aunque técnica, dejó una sensación de que el problema se atribuye a otra instancia, sin una solución clara desde lo local.
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La voz de la ciudadanía, representada en el congreso
La frustración de la gente fue expresada por diputadas de diferentes bancadas. Karla Perales arremetió con un argumento contundente: “La gente no entiende de procesos, ellos solo quieren que les den medicamentos en tiempo y forma“. Esta frase resume el sentir de miles de hidalguenses que ven cómo, a pesar de los discursos, el problema de fondo no se resuelve.
Por su parte, la diputada Montcerrat Hernández fue más allá, cuestionando la veracidad del informe. Llegó a decir que no ve las mejoras que se presumen e incluso mencionó “presuntas irregularidades financieras millonarias”.
“Me sorprende escuchar a la compañera Diana porque parece que estamos viviendo en otro estado, en otro país, porque yo no veo ningún tipo de mejoras como usted lo dijo, a lo mejor en Noruega.”
Su pregunta clave fue: ¿cómo se explica la brecha entre lo declarado y lo que viven los hidalguenses día a día? La respuesta de la secretaria, descrita como “ambigua” y lenta, no alcanzó a cerrar esta grieta de credibilidad.
El balance final es mixto. Por un lado, existen avances tangibles en infraestructura que, sin duda, son necesarios. Un hospital nuevo o un equipo moderno son inversiones valiosas para el futuro.
Pero la gran asignatura pendiente, y la que más afecta la vida diaria de las personas, sigue siendo el desabasto de medicamentos. De poco sirve un edificio nuevo si no hay antibióticos, medicinas para la presión o tratamientos crónicos. La desconexión entre la compra federal y la necesidad local parece ser el cuello de botella.
La esperanza está en que las autoridades no solo se enorgullezcan de lo construido, sino que redoblen esfuerzos para resolver el problema logístico y de distribución. La salud de los hidalguenses no puede depender de un trámite burocrático. La gente necesita, simplemente, que le receten un medicamento y poder encontrarlo en su centro de salud. Ese sigue siendo el reto más grande.
MIRELY I. ENRÍQUEZ

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