¿Las mujeres de Irán podrán ver a su selección en el Mundial?

Durante más de cuatro décadas, las mujeres en Irán tuvieron prohibido entrar a los estadios de fútbol, el deporte más popular del país.
La prohibición no estaba escrita en ninguna ley formal, pero se estableció poco después de la Revolución Islámica de 1979 y se aplicó con una rigidez que no admitía negociación.
La justificación oficial era tan absurda como reveladora: las autoridades iraníes alegaban que el ambiente de los estadios no era recomendable para las mujeres, debido al comportamiento en ocasiones violento y maleducado de los hinchas. Es decir: el problema no eran los que se comportaban mal, era la mujer que quería estar ahí.
Lo que siguió fue una historia de resistencia silenciosa y extraordinariamente valiente. Muchas aficionadas intentaron entrar a los estadios disfrazadas de hombres, pese al riesgo de ser detenidas.
Se cortaban el cabello, usaban ropa holgada, gorras bajas, caminaban diferente, hacían todo lo posible por pasar desapercibidas frente a los guardias de seguridad.
En febrero de 2017, ocho mujeres disfrazadas de hombres fueron descubiertas e impedidas de entrar al estadio Azadi en Teherán, donde se disputaba el clásico entre Esteghlal y Persepolis.
No fueron las primeras ni las últimas. Desde principios de 2018, al menos 40 mujeres fueron detenidas y varias procesadas por intentar entrar en estadios de fútbol.

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Y entonces llegó el caso que cambió todo
Sahar Khodayari, apodada “la Chica Azul” por los colores de su equipo favorito, el Esteghlal, fue arrestada en marzo de 2019 cuando intentó entrar al estadio disfrazada de hombre.
Fue acusada de “cometer abiertamente un acto pecaminoso” al aparecer en público sin hiyab. Cuando supo que podría ser condenada a seis meses de cárcel, se prendió fuego frente al tribunal.
Murió días después. Tenía 29 años. Su único crimen había sido querer ver jugar a su equipo.
La muerte de Sahar sacudió al mundo y obligó a la FIFA a actuar con una firmeza que hasta entonces no había demostrado.
El 10 de octubre de 2019, por primera vez en cuatro décadas, las mujeres iraníes pudieron comprar una entrada y entrar al estadio Azadi de manera oficial. Lloraron, gritaron, cantaron. Solo se vendieron 3,500 entradas para mujeres en un estadio con capacidad para 78,000 personas.
Separadas de los hombres, vigiladas por 150 mujeres policías, encerradas en sectores acordonados.

¿Y para el Mundial 2026?
Hoy, en 2026, con el Mundial en marcha, la situación sigue siendo profundamente contradictoria. Las mujeres iraníes pueden seguir a su selección en Estados Unidos, México o Canadá, sin restricciones, en igualdad de condiciones con cualquier otro aficionado del mundo. Pero en Teherán, en el estadio Azadi, la realidad sigue siendo otra.
Las restricciones en la liga local continúan vigentes, los accesos son limitados y la igualdad real todavía no existe.

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