
La hazaña más grande en la historia del futbol americano (NFL) moderno tiene nombre: Tom Brady.
En el Super Bowl LI, los Patriots estaban prácticamente muertos con un marcador de 28-3 ante los Falcons.
Pero Brady, con la frialdad y precisión que definen a los inmortales, orquestó la remontada más improbable en un Super Tazón: drives quirúrgicos, liderazgo absoluto y una calma que rompió toda lógica.
Llevó el partido al primer tiempo extra en la historia del Super Bowl y selló una victoria que redefinió su legado.
Ese día, Brady dejó de ser solo un mariscal histórico y se convirtió en la encarnación misma de lo imposible.
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Además, la remontada cambió la percepción del deporte para millones de aficionados. Brady transformó un marcador humillante en un símbolo de resiliencia absoluta.
Su actuación inspiró a atletas de todas las disciplinas, reforzó su estatus como el quarterback más dominante de la historia y selló uno de los capítulos más cinematográficos del deporte.
Ese Super Bowl no solo se ganó en el campo, se ganó en la mente, en el liderazgo y en el corazón de quien nunca dejó de creer.
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