
Levantar la Copa del Mundo debería ser el inicio de una era dorada. Sin embargo, para muchas selecciones, el trofeo parece venir acompañado de una pesada maldición.
La historia reciente del Mundial está llena de campeones que pasaron de la gloria absoluta al fracaso más doloroso apenas cuatro años después.
Lo que parecía el nacimiento de una dinastía terminó convirtiéndose en eliminaciones prematuras, crisis internas y despedidas inesperadas. En el futbol, ser campeón del mundo no garantiza nada; de hecho, muchas veces parece complicarlo todo.
El caso más recordado es el de Francia en 2002. Los campeones de 1998 llegaron a Corea-Japón como favoritos, pero se marcharon sin ganar un solo partido y, lo más increíble, sin marcar un solo gol.
Después vino Italia en 2010, eliminada en fase de grupos tras empatar con Paraguay y Nueva Zelanda y caer ante Eslovaquia.
España repitió la historia en Brasil 2014, donde la generación que conquistó el mundo recibió un histórico 5-1 de Países Bajos y quedó fuera antes de lo esperado.
Más tarde, Alemania en Rusia 2018 sufrió uno de los golpes más duros de su historia al despedirse en primera ronda, incluyendo aquella inesperada derrota ante México.
Incluso Francia, campeona en 2018, estuvo cerca de sufrir el mismo destino en Qatar 2022, aunque logró romper parcialmente el hechizo llegando hasta la final.
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¿Por qué ocurre esto?
Los expertos suelen apuntar a varios factores. El primero es la confianza excesiva. Muchas selecciones mantienen la base campeona pensando que el éxito se repetirá automáticamente.
El segundo es el desgaste físico y mental de jugadores que llegan con más años y kilómetros encima.
Y el tercero, quizás el más importante, es que todos quieren derrotar al campeón. Cada rival juega el partido de su vida contra quien porta la corona, convirtiendo cada encuentro en una auténtica final.
Ahora todas las miradas apuntan a Argentina, vigente campeona del mundo. La Albiceleste llegará a 2026 con la experiencia de haber conquistado Qatar, pero también con la presión de desafiar una tendencia que ha derribado a gigantes.
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