
Cuesta respirar en la Bella Airosa. La estampa que ningún aficionado de los Tuzos del Pachuca quería ver jamás se hizo realidad este miércoles por la mañana: Guillermo Almada saltó a la cancha de Coapa portando el escudo del América.
El estratega uruguayo, ese mismo genio táctico que devolvió la gloria al Estadio Hidalgo, que inyectó un ritmo asfixiante a los canteranos y nos regaló una era dorada de puro fútbol vertical, ya dirigió su primer entrenamiento con las Águilas.
Ver al hombre que nos hizo campeones, el que defendía nuestros colores con el cuchillo entre los dientes en la línea de banda, diseñando ahora el destino del rival más odiado junto a Santiago Baños, se siente como una auténtica puñalada directa a la nostalgia blanquiazul.
El timonel charrúa firmó un vínculo por dos años con opción a uno más (blindado con una cláusula de salida por si la Selección de Uruguay lo busca tras el Mundial), y de inmediato puso a temblar las piernas de la plantilla azulcrema con sesiones de entrenamiento a doble turno.
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La exigencia no se negocia
Almada ya prepara las maletas para una intensa pretemporada de dos semanas en España de cara al Apertura 2026, buscando exprimir el físico de sus nuevos pupilos de la misma forma que lo hacía con la mística tuza.
El hueco emocional que dejó en Pachuca es proporcional al espacio táctico que el uruguayo ya intenta llenar en su nuevo tablero.
Sin perder el tiempo, Almada y la directiva de las Águilas buscan en el mercado al reemplazo ideal para Jonathan Dos Santos en el mediocampo y un centro delantero de peso que cubra la baja que dejó Rodrigo Aguirre.
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