Estadio Hidalgo: ¿Qué hay de bueno y de malo con el?

En Pachuca hay un lugar donde el frío pega sabroso, el viento corre como si también fuera aficionado y las noches parecen eternas: el Estadio Hidalgo, la casa donde los Tuzos han escrito capítulos que todavía hacen eco. No es el más grande, ni el más moderno, pero algo tiene… y quien entra, lo siente.

Inaugurado en 1993, el Hidalgo ha visto finales ganadas contra toda lógica, llantos, milagros y hasta apagones que se volvieron leyenda.

Tiene capacidad para poco más de 30 mil almas, pero cuando Pachuca juega bien, suena como si fueran 60 mil. Sí, el Hidalgo ruge… aunque a veces truene la bocina del sonido local.


Cosas que lo hacen único

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Lo bueno

Lo malo


La madriguera Tuza

El Estadio Hidalgo no presume lujo, presume identidad. No presume tecnología, presume memoria. Es un estadio imperfecto… pero vivo.

Un lugar donde cada gol vibra distinto, donde la afición se siente parte del juego y donde el fútbol, por simple, vuelve a ser emocionante.

Un coloso que no necesita ser el más grande para sentirse enorme.



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