El secreto de LeBron James para no envejecer en la NBA

En la NBA, el talento te abre la puerta, pero la ciencia te mantiene en la sala. LeBron James no solo juega baloncesto: opera su cuerpo como si fuera una máquina de alto rendimiento.

Su jornada no empieza con café, sino con hielo y oxígeno. Se sumerge en agua helada para apagar la inflamación y después entra a una cámara hiperbárica que inunda su sangre de oxígeno.

No suena glamoroso, pero es la diferencia entre sentir las piernas pesadas o volar por la duela 48 minutos.

Luego viene lo inesperado: una siesta y videojuegos. No por ocio, sino por estrategia. “Sentarme a jugar es mi forma de guardar piernas”, confiesa.

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Incluso el descanso tiene un objetivo: llegar fresco al salto inicial.

Cuando pisa la arena, no toma el balón de inmediato. Primero pasa por tratamiento, rehabilitación, estiramientos y pesas.

Es un ritual mecánico, casi quirúrgico, para asegurarse de que cada músculo responda como debe.

Y al final, el veredicto más humano:Creo que me siento bastante bien”. En esa frase vive su secreto.

No es suerte. Es disciplina diaria, tecnología, sacrificio y una obsesión silenciosa por seguir siendo LeBron… un juego más.



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