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De Almada a Solari: Pachuca no cambió de alma… cambió de nombre

Cuando Guillermo Almada dejó el banquillo de los Tuzos, no solo se fue un entrenador. Se fue una idea, una identidad, una forma de sentir el fútbol.

En la Bella Airosa dolió. Y dolió mucho. Porque Almada no solo ganó: construyó un equipo valiente, intenso y con ADN formador. De esos que presionan alto, que no piden permiso y que hacen creer a los jóvenes que sí se puede.

Pero el fútbol, como la vida, no se detiene. Y cuando parecía imposible llenar ese vacío, apareció Esteban Solari. Sin tanto ruido, sin promesas grandilocuentes… pero con una idea muy clara.

Y ahí empezó la sorpresa, Pachuca no cambió tanto como muchos pensaban.

Porque Solari y Almada, aunque distintos en formas, hablan el mismo idioma futbolístico. Equipos que corren, que muerden, que presionan arriba.

Equipos que no negocian la intensidad. Y sobre todo, equipos que creen en la cantera. En una liga donde muchos compran soluciones, ellos forman respuestas. Y eso no es casualidad, es convicción.

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Hay también algo más difícil de explicar, pero fácil de ver: el carácter. Esa personalidad de no achicarse, de jugarle igual a cualquiera, de imponer condiciones.

Almada lo dejó sembrado. Solari lo está regando. Y el equipo responde. Porque cuando la idea es fuerte, el cambio de nombre pesa menos.

Y entonces surge la pregunta inevitable: ¿puede Solari convertirse en el nuevo ídolo? Es pronto. El tiempo, los resultados y la conexión con la gente lo dirán. Pero lo que sí es un hecho es que el camino ya está trazado… y se parece mucho al anterior.


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