Curazao: la pequeña isla que ahora jugará un mundial

En el Caribe pasó algo que parecía imposible: una isla de 185 mil habitantes se convirtió en una de las historias más potentes rumbo al Mundial 2026.

Sí: Curazao, la misma que hace unos años era solo una postal turística, hoy presume un proyecto que mezcló identidad, raíces neerlandesas y disciplina europea… y explotó.

Lo que empezó como un intento tímido terminó en revolución futbolera: un modelo que tomó el talento desperdigado en Países Bajos, lo abrazó como parte de su historia familiar y lo convirtió en una selección que hoy mete miedo, goles y ruido mundial.


La ola azul nace en Países Bajos

La transformación comenzó cuando Patrick Kluivert, una leyenda de verdad, aceptó tomar el mando en 2015.

Y ahí, todo cambió: instalaciones nuevas, mentalidad profesional y una misión clara: recuperar a todos los jugadores con sangre de Curazao que brillaban en Europa.

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Kluivert abrió la puerta. Cuco Martina la cruzó primero. Detrás de él vinieron docenas más.

Luego llegó Guus Hiddink, luego regresó Kluivert, luego se reorganizó todo… y finalmente apareció Dick Advocaat, el técnico con más colmillo del fútbol neerlandés. Él fue quien consolidó el plan: convencer, unir, ordenar y clasificar. Y lo hizo.


Un mundial con sabor a origen

La selección que jugará en 2026 está formada por jugadores nacidos en Europa, pero con corazón caribeño: hijos, nietos y familiares directos de curazoleños que un día emigraron. Hoy, todos ellos coinciden en que vestir la azul es un acto de identidad.

Armando Obispo, del PSV, lo dijo sin poesía: representar a Curazao es cerrar un círculo familiar.
Leandro Bacuna lo resume mejor: “Es donde nacen mis raíces”.


Del 7–0 contra Argentina… al Mundial

Hace nada, Curazao era noticia porque Argentina le metió 7 goles. Hoy, es nota mundial porque clasificó como líder de su grupo en Concacaf, eliminó a selecciones con más historia y se convirtió en el ejemplo perfecto de que el fútbol también es geopolítica, identidad y visión.

Sí: Curazao jugará su primer Mundial.
Una isla pequeña.
Un proyecto enorme.
Una historia que ya pertenece al fútbol.



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