
La polémica por el examen de admisión de la UNAM revivió el debate sobre el pase reglamentado, un mecanismo que muchos consideran un “pase automático”, aunque en realidad funciona de manera muy distinta. Mientras la Universidad revisa las irregularidades detectadas en el proceso de ingreso, también aumentaron las dudas sobre cómo funciona este famoso pase y quiénes realmente pueden acceder a este beneficio.
No basta con estudiar en una preparatoria de la UNAM
Una de las ideas más repetidas en redes sociales es que cualquier estudiante de la Escuela Nacional Preparatoria (ENP) o del Colegio de Ciencias y Humanidades (CCH) obtiene un lugar asegurado en la licenciatura que desee. Sin embargo, esa versión está lejos de la realidad.
El pase reglamentado únicamente aplica para alumnos de bachillerato de la propia UNAM, pero además exige cumplir varios requisitos. Los aspirantes deben ser estudiantes regulares, no adeudar materias y atender cada uno de los pasos establecidos en la convocatoria oficial.
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El promedio también define el ingreso
Otro punto que suele generar confusión es el promedio. La UNAM no establece una calificación única para todas las carreras, sino que cada licenciatura fija un promedio mínimo dependiendo de la demanda y del número de lugares disponibles.
Además, los aspirantes deben realizar el examen diagnóstico de inglés, registrar su solicitud en la plataforma institucional y entregar la documentación correspondiente. Algunas carreras incluso solicitan evaluaciones adicionales o pruebas de aptitud.
Por ello, aunque el proceso evita presentar un examen de admisión general, el pase reglamentado de la UNAM no garantiza ingresar automáticamente a cualquier carrera. La asignación depende del desempeño académico, del cumplimiento de los requisitos y del cupo disponible.
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